sábado, 25 de julio de 2009

Reseña: Erasmus Darwin Magister (Charles Sheffield)

Erasmus Darwin, Magister
(Título original: Erasmus Darwin)

Colección Última Thule
Grupo Anaya S.A.
Madrid, 1995.


Los primeros relatos y novelas de ciencia ficción que leí en mi vida estaban ambientados en el futuro, un futuro que podía ser lejano o cercano, pero futuro al fin y al cabo. La ciencia ficción, sobre todo la pulp, trataban sobre viajes espaciales, conflictos interestalares y otras aventuras para las cuales se requería una tecnología que tendría que desarrollarse “después”. Aunque los protagonistas se comportaran como la gente de “ahora”.

Sin embargo, el paso del tiempo nos permite tener acceso a otras formas de hacer ciencia ficción, que no necesariamente implican la anticipación. ¿Puede entonces una novela o relato de ciencia ficción ambientarse “en el pasado”? No un viaje al pasado, sino una historia protagonizada por personajes y enmarcada en la tecnología de un pasado conocido (y por tanto inalterable, a menos que estemos hablando de ucronías). Una historia de ciencia ficción que no altere el “continuum” del mundo que conocemos.

Parece una tarea imposible, pero Charles Sheffield logra ejecutarla. Y además, utilizando a un personaje histórico real –Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin – como protagonista, lo cual obliga a la doble tarea de respetar los datos biográficos conocidos de dicho personaje. Tras leer estos relatos, uno puede pensar que efectivamente los acontecimientos narrados en los mismos pudieron ocurrirle al señor Erasmus Darwin.

Tres son las historias que relatan las posibles aventuras del doctor Erasmus Darwin en la Inglaterra de fines del siglo XVII. Historias en las cuales hay un trasfondo de leyenda que pasa a convertirse en realidad, realidad que cuenta con una explicación racional, proporcionada por el observador magíster, pese a las iniciales dudas de su ocasional compañero Jacob Pole, infatigable buscador de tesoros.

El doctor Erasmus Darwin, pese a su fama y talento, es retratado – según en autor, según la descripción hecha por sus contemporáneos- como un hombre entrado en la cuarentena, de vientre voluminoso, cicatrices de viruela y carente de dientes delanteros. Imposible no simpatizar con un protagonista así, sobre todo en estas épocas en las cuales ciertas películas han lavado las mentes del público para hacerles creer que, en cualquier época, los prototipos de belleza femenina o masculina eran idénticos a los de ahora. Anacronismo que le dicen, en el cual Sheffield no cae.

El libro está compuesto por tres aventuras en las que el doctor Erasmus Darwin desplegará todo su ingenio para resolver algún misterio, topándose con respuesta tanto o más insólitas que el presunto origen sobrenatural de dichos misterios. Así, en El diablo de Malkirk, nuestros protagonistas se ocupan tanto de la exploración en busca de los posibles tesoros de un galeón hundido como de la curación de una importante figura histórica, vinculada a una de las tantas rebeliones de los escoceses contra los ingleses. Todo ello sazonado con la presencia de alguien que afirma ser el famoso ocultista Paracelso, “reaparecido” unos trescientos años después de su muerte. Todo hay que decirlo, esta primera historia es acaso un poco más lenta y floja que las siguientes, pero permite conocer el carácter del doctor Darwin y la manera en que se conoció con Jacob Pole, inveterado narrador de anécdotas ocurridas en los cinco continentes. No hay galeón español hundido, aunque si se da fin a una intriga política y se resuelve el misterio del reaparecido Paracelso. Queda como incógnita el avistamiento del diablo de Malkirk, una bestia marina que podría tener alguna relación con el monstruo del Lago Ness…

La segunda historia, El tesoro de Odirex, es más ágil y, a mi juicio, la mejor del libro. En otro paraje inglés, el dueño de una hospedería convoca los servicios del doctor Darwin para que examine a su esposa, Anna. Y es que Anna ve, durante ciertas noches, unas extrañas luces en un monte cercano. Ya que nadie más puede ver esas luces, asociadas a la presencia de una extraña formación nubosa llamada El Yelmo por los lugareños. El monte es llamado Monte de la Cruz, pues según la leyenda popular, originalmente estuvo habitado por demonios expulsados por San Agustín al blandir una cruz. Al examinar a Anna, el doctor Darwin descubrirá que está en sus cabales, y además, tiene mejor vista que su marido y los demás lugareños. Son ciertas las apariciones de las luces, entonces. ¿Vuelven los demonios? Tras apertrecharse con provisiones, nuestros héroes suben al monte, que a unas cuevas, supuesto deposito del tesoro de Odirex. Odirex es el nombre de un rey legendario que, según ciertos escritos, expulsó a los romanos de sus tierras utilizando dicho tesoro, proviniendo su nombre de Odiis Rex, Rey del Odio. Tras algunos percances, Erasmus Darwin y Jacob Pole ingresaran al interior de la cueva, donde hallarán algo tan increíble que asombrará al lector más curtido (a menos que cometa el error de leer la contratapa del libro, que sólo consigue arruinar la sorpresa). Dicho descubrimiento permitirá también al magíster esbozar una serie de ideas que posteriormente serán desarrolladas por su no menos famoso nieto.

Finalmente, en El inmortal de Lambeth, una bestia legendaria asola los alrededores de un molino cercano a Norfolk. Erasmus Darwin es llamado para examinar las heridas del único sobreviviente a una masacre, posiblemente efectuada por el monstruo local, una bestia de la cual nadie tiene idea de su aspecto, pero que suele atacar durante las noches de luna a quienes se acercan al inmenso molino de los Alderton, familia de terratenientes que cuenta con un último descendiente, provisto de un manuscrito con misteriosas anotaciones realizadas por su abuelo, relativas al molino y la luna llena… Si hay un monstruo en esta ocasión, aunque su origen no sea sobrenatural, y volveremos a ver a Erasmus Darwin utilizando tanto su intuición como un curioso artefacto fabricado por relojeros. La escena en la cual se descubre la identidad del monstruo, que magistralmente se nos ha ocultado hasta ese momento, es simplemente una joya de antología, que nos demuestra que una buena historia de ciencia ficción puede construirse con los elementos más simples y prosaicos.

Eso si, una advertencia: no lean la contratapa. No dejen que les arruinen la sorpresa.

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