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sábado, 25 de julio de 2009

Cuento: PEPS (Adriana Alarco de Zadra)

AY QUE NO HAY
No hay ángeles
no hay dios
no hay cielo
no hay regreso
sin embargo
y sin duda
hay sueños como ángeles
hay miedos como dios
hay cielos como cielo
sin embargo
y sin duda
lo que no hay
es regreso.

(Contra los Puentes Levadizos 1965-1966)
de Mario Benedetti)




Solía levitar desde que era pequeña. Acostada en el lecho, dejaba volar mi fantasía sin confines, soñaba con otros mundos en otras dimensiones y me deslizaba en el aire tocando el techo con la nariz.

Ahora que lo recuerdo, no le he contado a nadie esta experiencia mía, esta cualidad, si quisiera llamarla así. Sé que mi madre me obligaba a bajar cuando flotaba por el dormitorio pero ella ya no está más conmigo. Tendría que contárselo a alguien que no me crea loca o algo por el estilo. El joven que está sentado delante de mi en el tren del Pacífico Sur tiene una cabeza enorme que seguramente le pesa sobre ese cuerpo diminuto. Cabeza de otro cuerpo....

- ¿Por qué piensas eso de mi? -pregunta repentinamente el pasajero, volteando y mirándome a los ojos.
- ¿Cómo sabes lo que estoy meditando? - me sorprendo a mi vez.
- Los pensamientos ajenos me llegan como una luz fugaz que luego desvanece.
- ¿Lees las reflexiones que tengo en mi cabeza?
- Sí. Pero no en este momento sino cuando divagas y no te das cuenta que he entrado en tu mente.

El joven se levantó y se sentó en el sitio vacío que había junto a mi. Yo estaba perpleja.

- ¿Cómo puedes hacer eso?
- De la misma forma, presumo, en que tú puedes levitar y pegar la nariz al techo del dormitorio.

Me asusté. Nadie sabe eso y cómo es que este joven desconocido con una cabeza que yo describí como descomunal pero que viéndolo de cerca no lo es tanto, puede saber lo que me sucede.

- ¿Cómo puedes saber eso?

Me he quedado sin vocabulario y repito lo mismo como un loro. Observo las dunas que parecen correr afuera de la ventana a gran velocidad. El tren disminuye la marcha por unos minutos. Acabamos de cruzar en diagonal, la nueva línea FAP, recién inaugurada, del Ferrocarril del Atlántico al Pacífico.

- Mi madre era ciega.
- Esa no es una respuesta. ?No quiero parecer despiadada, pero me fastidia que sepa tanto sobre mi .
- Podía mover los objetos.
- Yo también puedo mover objetos, fíjate.... - y antes de que pueda rechazarme, le quito la bufanda de rayas verdes y amarillas y la pongo alrededor de mi cuello. - ¿Ves?
- Yo entendía que mi madre podía mover los objetos con la mente.
- ¡Ah! ¿Si? ¿Y, por qué ahora no puede?
- Porque ella, como la tuya, no está más con nosotros.
- ¿Cómo puedes tú saber eso de mi madre?
- Hace poco lo estabas pensando...
 -¿...? 

Me quedo sin palabras por segunda vez. Es verdad que había pensado antes que mi madre no estaba más conmigo. Entonces, es verdad que este joven, cabeza de otro cuerpo, puede leer mis pensamientos. Lo dudo. Seguramente conoce a alguno de mis amigos cercanos. Pero, ¿cómo sabe sobre la levitación? Eso es un secreto que aparte de mi almohada, lo conocía sólo mamá. Misterio.
- ¿Conoces la Asociación PEPS?
- ¿Qué es?
- La Asociación para Personas Especiales, Peculiares y Singulares.
- No.
- Ya vamos a llegar. Si quieres te bajas conmigo y vamos para que los conozcas.
- Son especiales, peculiares y singulares?
- Sí. Como tú.

Estoy muy intrigada. ¿Y si es verdad que me lee la mente? ¿Será cierto que existe una Asociación con nombre de pasta dental? Quizás sea todo un engaño. ¿Me estará mintiendo? ¿Será él un tipo especial, peculiar y singular? Dudo un momento, pero tengo mi arma de rayo paralizador conmigo y él me ha enseñado su holograma de SER, el Servicio Exclusivo Representativo por lo que no debo temer ningún movimiento falso de él. Bien. He decidido averiguar sobre PEPS. Mientras tanto no tengo nada más que hacer. Mi Actividad Laboral Obligatoria no comienza hasta mañana porque hoy es mi día libre.

El tren ha recorrido 200 kilómetros sobre la costa desde que me dirigió la palabra el joven. Si ya nos estamos acercando quiere decir que la Asociación debe estar en los alrededores de la ciudad Austral. Tomaré el próximo tren para seguir a casa. A la velocidad en que viajamos no dudo que si me embarco dentro de un par de horas, lograré llegar lo mismo a mi destino.

No sabía en ese momento las consecuencias de una decisión tan repentina. La estación donde llegamos está vacía. No se ve a nadie alrededor. Bajo con el joven a la plataforma. ¿No será peligroso? ¿En qué me estoy metiendo? Sé que mucha gente desaparece y nadie los encuentra. Sin embargo, los del Servicio Exclusivo Representativo son los miembros escogidos de la Central.

- No te preocupes. Verás que en PEPS hay otras personas como tú y como yo.

Nuevamente me ha leído la mente. En medio de la neblina costera y de las nubes de arena levantadas por el viento de la tarde, se acerca un personaje extraño. Es demasiado viejo para los que acostumbramos a ver en la ciudad. Los ancianos desaparecen cuando les llega el momento de RODAS. Esto es lo que llaman Reconciliación, Ocio y Descanso por Años de Servicio. Creo que los envían a otro planeta. Como a mi madre.

- Bienvenidos ?dice el hombre acercándose a nosotros dos, con voz cascada e inusual.

Me apoyo al brazo del joven de quien hasta ahora no sé el nombre. Le devuelvo su bufanda rayada y pregunto:

- ¿Estamos en PEPS?
- Pronto llegaremos. Hay que caminar.
- No me has dicho cómo te llamas.
- Soy Gerom, mi querida Valia.
- ¿Cómo sabes mi nombre?

Sonrisas.
Mejor no pregunto.

-Gerom es mejor que “cabeza de otro cuerpo” - dice en voz baja mi compañero de tren.

Me sonrojo. No es agradable que anden rebuscando en tu cabeza y saquen a relucir tus más recónditos pensamientos.

- El anciano guardián se llama Lorio, - continúa, - él también es especial. Por eso sigue con nosotros. No lo mires a los ojos porque te hipnotiza. Sigámoslo.

Recorriendo un sendero en medio de rocas, cactus y lomas de arena, vislumbro un enorme edificio de piedra y adobe. Está detrás de una verja que se abre cuando nos acercamos y se cierra sola al atravesar el umbral. No parece peligroso el lugar. Todo está quieto como si estuviéramos un paso más allá del tiempo y de las cosas. En caso de que algo tenebroso se acercara, yo podría levitar voluntariamente como he podido hacer hasta hace poco tiempo, aunque siempre en mi dormitorio. Nunca lo he hecho al aire libre. Espero poder hacerlo si llegara a ser necesario. Seguimos caminando.

Al acercarnos oigo gritos y carreras dentro del edificio. En una ventana se ve un resplandor extraño.

- ¡Fuego! –grita Gerom, y se aleja corriendo.

Yo llego detrás de Lorio. Observo por la ventana que varios jóvenes se afanan con baldes de agua. Apagan el fuego. No debe haber sido un gran incendio pero es preocupante. Trato de no mirar a Lorio a los ojos pero entiende que me debe una explicación.

- Es Ignia -me comunica. -Ella produce fuego y energía eléctrica con los dedos.... A veces no se controla.

Sí. La verdad es que este lugar puede ser preocupante, peligroso y temible. Veremos lo que sucede pues la curiosidad que siento por conocer a las personas especiales, peculiares y singulares es muy fuerte.

La tarde va acercándose al ocaso y al fondo se descubre la playa inmensa, una extensión de arena tan larga que parece infinita. Pelícanos, gaviotas, cormoranes, golondrinas de mar revolotean en las cercanías. El rumor de las olas contra las piedras rodadas de la orilla es un susurro marino. Huele a mar. El aire está salado. Las nubes se desplazan como queriendo mostrar otro cielo más allá.

- No puedo quedarme mucho tiempo, Lorio. Mañana tengo trabajo, mi ALO... ¿sabes? Debo regresar.
- Puedes quedarte aquí, si quierees. Tú también perteneces a PEPS y tienes derechos. La Actividad Laboral Obligatoria, el famoso ALO, no te concierne si te puedes quedar a formar parte del grupo especial del Servicio Exclusivo Representativo.
- ¿Y, qué hago con mi vida?
- La sigues viviendo.
- ¿Aquí?
- Aquí y en todos lados.

Aquí... me quedo pensativa. El edificio no es temible. Es una construcción antigua con varias manos de cal, adornada de buganvillas rojas, blancas y moradas. Las persianas son azules y el campo alrededor es salado y arenoso. Los cactus ofrecen florecillas minúsculas y espinas enormes. Es un lugar solitario y agradable. No está lejos de la estación del tren. Veremos lo que encierran estas paredes llenas de grietas carcomidas por la sal. Gerom regresa sudado por el calor y el susto. Una muchacha de ojos muy oscuros y profundos lo sigue, escondiendo las manos en la espalda.

- Te presento a Ignia. Es muy joven y muy desordenada. A veces provoca incendios sin querer. Tenemos que vigilarla muy de cerca.

- Hola, Ignia.
- ¿Tú eres la que vuela?
- ¿Quién te ha dicho eso?
- No es ningún secreto. Ya lo saben todos, por Gerom. Cuando llega nos transmite las noticias. Le leemos el pensamiento.
- ¿...?
- Discúlpame si no me quedo a charlar, tengo que correr, - explica nerviosamente Ignia la incendiaria. Está muy preocupada y lo entiendo porque no es de todo el mundo producir desastres mayúsculos con las manos.
- Ven, Lorio, - le ruega al anciano, - ayúdame. Fanta se ha escondido en el espejo por el temor al incendio. Debemos hacerla regresar.
- ¿Gerom, quién está en el espejo? - pregunto sorprendida.
- No te preocupes, Valia. Fanta es así. Apenas se asusta, se esconde dentro de los espejos, pero luego aparece. Felizmente tenemos muchos por si acaso se rompa alguno accidentalmente para que pueda regresar a casa.

- Me ha dicho Lorio que puedo quedarme a vivir aquí.
- Puedes hacerlo.
- ¿En serio crees que podría pasar mi vida en un mundo detenido en medio de la nada?
- No estamos en medio de la nada sino en medio de un experimento extraordinario que ayudará a la humanidad.
- ¿Cómo así?
- Verás, Valia. Hay un grupo de hombres sin escrúpulos que roba a los niños en las ciudades.
- ¿Roba niños? ¿Para qué?
- Los venden. Enteros o en pedazos.
- ¡---!
- ¿Veo una lágrima?
- No me parece justo, ni verdadero, ni ...
- Es la realidad.
- ¿Qué podemos hacer nosotros?
- Cambiar las cosas. Hay varios aquí que transmiten su pensamiento o que escuchan, como yo, lo que la gente piensa. Viajan en el tren del Pacífico Sur o en el nuevo FAP, del Atlántico al Pacífico y se encuentran con muchas sorpresas. Estamos cerca de descubrirlos.
- ¿Qué hacer cuando se encuentren a los culpables?
- De eso se encargará la DAP.
- La División de Asuntos Policiales....Entiendo. Pero, ¿yo qué hago aquí?
- Tú levitas.
- En mi dormitorio.
- Con la práctica podrás hacerlo también al aire libre y voluntariamente. Serías una mensajera impagable. Nadie camina mirando hacia arriba y pasarías desapercibida. Puedes ayudar a muchos niños.
- Tengo miedo.
- A todos nos asustan nuestros poderes. - ¿Y, la del espejo?
- Ella viaja a otras casas, aparece en otros lugares. Escucha. Es una guardiana perfecta. Cuando alguien mira al espejo y la ve a ella, se asombra. A veces se asustan y los rompen, pero Fanta siempre tiene tiempo para regresar a casa, de espejo en espejo.
- Increíble.
- ¿Quieres formar parte de nuestro grupo de acción? ¡PEPS, para salvaguardar a los niños del mundo que sufren abusos y tormentos!
- Me quedo. Es una perspectiva emocionante poder participar en un proyecto tan altruista.
- Tienes razón. Debemos tener una razón en nuestra vida. No nos han dado estos dones y facilidades por gusto.
- Seré un guardián yo también, Gerom.
- Haces bien en aceptar. Si hemos nacido especiales debemos usar los poderes para el bienestar de los demás.
- ¿Y si no fuera así? ¿Existen otros como nosotros que se dedican a la maldad?
- Eso es cierto. Pero quienes usan sus poderes para dañar y pervertir y el grupo especial se entera, terminas en el CIP, o el Centro del Infierno Planetario.
- Eso es algo que yo no lo haría nunca, dañar y pervertir, y no sólo por el terror al CIP. Siempre quise ayudar y apoyar a los más débiles. Me quedaré.
- Haces bien. No te arrepentirás. Aunque debes saber que este es un camino que no tiene regreso. Si aceptas te quedarás para siempre.
- Aquí, en este rincón del mundo, trataré de aportar mi granito de arena para hacer la vida más agradable, más fácil, más justa, más tolerante para los mortales y sobretodo para los niños. ¿Me vas a presentar a los demás?
- Muchachos, ella es Floria. Tiene el poder de Levitación.
- ¡Gracias, Gerom, que has traído a una nueva recluta! Somos mejores cuando somos más.
- ¡Bienvenida, Floria!

En un lugar del mundo, cerca al mar océano, en medio de dunas infinitas y arenales, rodeados de cactus y de aves, existe un grupo de jóvenes altruistas con las más extrañas facultades. Pertenecen a la Asociación de Personas Especiales, Peculiares y Singulares que desean ser el motivo del cambio, de la renovación para llevar a todos los humanos y en especial a los niños, aquella tranquilidad de vivir, aquella serenidad y paz tan alejadas y olvidadas en los últimos tiempos en el planeta. Ellos son los Ángeles. Nadie los ve pero allí están. Quizás, alguna vez logres ver el tuyo.

Reseña: No más duendes (Ben Bova & Gordon R. Dickson)

No más duendes
(Gremlins, go home!)
Gordón R. Dickson & Ben Bova
Editorial Lidium, 1975.


Viendo la portada de este libro, uno jamás podría imaginarse que está frente a una de las obras mejor escritas sobre duendes, niños, la amistad, la ecología, la maduración como ser humano, y un largo etcétera.

Y bueno, es que cuando a uno le comentan acerca de libros o películas “para niños”, pues como que se pone sobre aviso, pensando (en mi triste infancia, al menos) en esperpentos como las películas de Joselito u otras donde los niños son empalagosamente dulces, buenos, lindos y estúpidos. Todo ello, enmarcado en una también estúpida historia, (¿recuerdan las películas de Los Parchis?). Todo horrible, como esas tías que te abrazan hasta ahogarte mientras te dicen “papito”. Creo que en la actualidad las cosas son diferentes, pero hubo una época en la cual los propios niños han debido odiar las películas o libros que (quizá con las mejores intenciones) han hecho los adultos para ellos. Y si los niños no aprecian algo (son unos críticos terribles, vaya), imagínense a un adulto tragándose dos horas de las aventuras de Joselito...

En esas épocas, qué no hubiera dado por leer esta novela. Igual la he disfrutado ahora que estoy en base cuatro, pero imagino que para un menor debe ser una experiencia de esas que te enganchan con la lectura para siempre. Como leer “Tom Sawyer”, por ejemplo.

“No más duendes” es la historia de Rolf Gunnarson, un niño cuyo padre está a cargo del lanzamiento del primer cohete a Marte desde Cabo Kennedy. Debido a la intensa actividad desplegada por su padre, Rolf se siente un poco relegado (a su vez, su madre parece cuidar más de su hermana pequeña que de Rolf), considerando además que sus preocupaciones ecológicas tienen más importancia para la humanidad que los viajes espaciales.

Un día, dando un paseo en bicicleta junto con su perro Shep, sufre una caída de esas que te hacen ver estrellas. Cuando se recupera, se da con la sorpresa de que su perro está hablando (discutiendo sería la palabra) … ¡con un duende!

Un duende arquetípico (desde el punto de vista anglosajón) llamado Baneen, que mide unos treinta centímetros, tiene orejas puntiagudas, cejas blancas, viste de verde, flota en el aire y habla con acento irlandés. Por cierto, el perro, cuyo nombre completo es Mister Sheperton, se convierte en un personaje secundario de lujo. Además, habla con un pomposo acento inglés…

¿Qué ha ocurrido? Algo de polvo de duende (no pregunten que es) ha caído sobre Rolf Gunnarson, de modo que ahora puede percibir el mundo de los duendes y de los animales parlantes, usualmente oculto a los sentidos de los seres humanos. Tras la sorpresa inicial, Rolf entrará en conversación con Baneen, quien le contará el secreto de su existencia: los duendes son seres extraterrestres provenientes del reseco y polvoriento (así les gusta a ellos) planeta Duendia, varados en la Tierra debido a un desperfecto en un vuelo espacial emprendido hace miles (¿o millones? los duendes son inmortales) de años. Deseosos de volver a su mundo original, o al menos ir a un planeta sin tanta humedad como la Tierra (el agua reduce los poderes de los duendes a un tercio de su capacidad), quieren que Rolf los ayude a construir una nueva nave espacial que les permita aprovechar el impulso del cohete que será lanzado a Marte. Para ello, Rolf deberá conseguirles, entre otras cosas, materiales que se encuentran en cualquier ferretería, a las cuales los duendes no pueden acercarse, pues el hierro también les causa daño. La nave de los duendes, cuyos principios obedecen a una física casi lovecraftiana, será construida por O’Rigami, un duende que habla con acento japonés (aunque en la traducción se lee como chino) que, según sus palabras, es el genuino acento de un duende tratando de hablar español (o inglés, con tanta traducción ya me perdí). Por cierto, Baneen dice lo mismo respecto a su acento irlandés. Al igual que los duendes que tienen acentos romaní, francés y de cualquier idioma que se hable en el mundo. Supuestamente, los humanos adquirimos “nuestros” acentos de los duendes que moraban entre nosotros…

A cambio de su ayuda, los duendes le ofrecen a Rolf el Gran Deseo, es decir, que Rolf pueda pedir a los duendes cualquier cosa, y éstos se la concederán. Y el gran deseo de Rolf no es otro que la limpieza del mundo, el fin de la contaminación mundial. No pide poco, por cierto. La tarea de Rolf, consistente en conseguir algunas herramientas y colocar la nave de los duendes junto al cohete espacial a ser lanzado por su padre, parece sencilla...

Excepto por que las cosas no son siempre fáciles. Pese a los poderes y la ayuda de los duendes, Rolf tendrá que pedir ayuda de alguien más, una niña llamada Rita Amaro, cuyo padre está encargada de la vigilancia del cohete que será lanzado a Marte. Ambos niños se gustan, pero tratan de ocultar sus sentimientos, lo cual será imposible debido a las hilarantes observaciones hechas tanto por los duendes como por Mister Sheperton.

En su trato con los duendes, Rolf descubrirá cosas como el verdadero origen de la leyenda del Rey Arturo, la razón por la cual los duendes abandonaron su planeta y por qué desean volver al mismo… así como la importancia de la amistad, el compañerismo y esos valores didácticos que en cualquier otra circunstancia sonarían como aburridísimas lecciones o moralejas, pero en esta novela – que también podría leer como una novela “de aprendizaje”, puesto que Rolf se convierte en un chico realmente maduro al final de la experiencia – se nos presentan como experiencias llenas de emoción y sentido de la aventura.

Seres extraterrestres, viajes espaciales, perros que hablan… la aventura que cualquier niño quisiera tener. Y cualquier adulto cuyo corazón no esté carcomido. Realmente, apta para todos.

Reseña: Erasmus Darwin Magister (Charles Sheffield)

Erasmus Darwin, Magister
(Título original: Erasmus Darwin)

Colección Última Thule
Grupo Anaya S.A.
Madrid, 1995.


Los primeros relatos y novelas de ciencia ficción que leí en mi vida estaban ambientados en el futuro, un futuro que podía ser lejano o cercano, pero futuro al fin y al cabo. La ciencia ficción, sobre todo la pulp, trataban sobre viajes espaciales, conflictos interestalares y otras aventuras para las cuales se requería una tecnología que tendría que desarrollarse “después”. Aunque los protagonistas se comportaran como la gente de “ahora”.

Sin embargo, el paso del tiempo nos permite tener acceso a otras formas de hacer ciencia ficción, que no necesariamente implican la anticipación. ¿Puede entonces una novela o relato de ciencia ficción ambientarse “en el pasado”? No un viaje al pasado, sino una historia protagonizada por personajes y enmarcada en la tecnología de un pasado conocido (y por tanto inalterable, a menos que estemos hablando de ucronías). Una historia de ciencia ficción que no altere el “continuum” del mundo que conocemos.

Parece una tarea imposible, pero Charles Sheffield logra ejecutarla. Y además, utilizando a un personaje histórico real –Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin – como protagonista, lo cual obliga a la doble tarea de respetar los datos biográficos conocidos de dicho personaje. Tras leer estos relatos, uno puede pensar que efectivamente los acontecimientos narrados en los mismos pudieron ocurrirle al señor Erasmus Darwin.

Tres son las historias que relatan las posibles aventuras del doctor Erasmus Darwin en la Inglaterra de fines del siglo XVII. Historias en las cuales hay un trasfondo de leyenda que pasa a convertirse en realidad, realidad que cuenta con una explicación racional, proporcionada por el observador magíster, pese a las iniciales dudas de su ocasional compañero Jacob Pole, infatigable buscador de tesoros.

El doctor Erasmus Darwin, pese a su fama y talento, es retratado – según en autor, según la descripción hecha por sus contemporáneos- como un hombre entrado en la cuarentena, de vientre voluminoso, cicatrices de viruela y carente de dientes delanteros. Imposible no simpatizar con un protagonista así, sobre todo en estas épocas en las cuales ciertas películas han lavado las mentes del público para hacerles creer que, en cualquier época, los prototipos de belleza femenina o masculina eran idénticos a los de ahora. Anacronismo que le dicen, en el cual Sheffield no cae.

El libro está compuesto por tres aventuras en las que el doctor Erasmus Darwin desplegará todo su ingenio para resolver algún misterio, topándose con respuesta tanto o más insólitas que el presunto origen sobrenatural de dichos misterios. Así, en El diablo de Malkirk, nuestros protagonistas se ocupan tanto de la exploración en busca de los posibles tesoros de un galeón hundido como de la curación de una importante figura histórica, vinculada a una de las tantas rebeliones de los escoceses contra los ingleses. Todo ello sazonado con la presencia de alguien que afirma ser el famoso ocultista Paracelso, “reaparecido” unos trescientos años después de su muerte. Todo hay que decirlo, esta primera historia es acaso un poco más lenta y floja que las siguientes, pero permite conocer el carácter del doctor Darwin y la manera en que se conoció con Jacob Pole, inveterado narrador de anécdotas ocurridas en los cinco continentes. No hay galeón español hundido, aunque si se da fin a una intriga política y se resuelve el misterio del reaparecido Paracelso. Queda como incógnita el avistamiento del diablo de Malkirk, una bestia marina que podría tener alguna relación con el monstruo del Lago Ness…

La segunda historia, El tesoro de Odirex, es más ágil y, a mi juicio, la mejor del libro. En otro paraje inglés, el dueño de una hospedería convoca los servicios del doctor Darwin para que examine a su esposa, Anna. Y es que Anna ve, durante ciertas noches, unas extrañas luces en un monte cercano. Ya que nadie más puede ver esas luces, asociadas a la presencia de una extraña formación nubosa llamada El Yelmo por los lugareños. El monte es llamado Monte de la Cruz, pues según la leyenda popular, originalmente estuvo habitado por demonios expulsados por San Agustín al blandir una cruz. Al examinar a Anna, el doctor Darwin descubrirá que está en sus cabales, y además, tiene mejor vista que su marido y los demás lugareños. Son ciertas las apariciones de las luces, entonces. ¿Vuelven los demonios? Tras apertrecharse con provisiones, nuestros héroes suben al monte, que a unas cuevas, supuesto deposito del tesoro de Odirex. Odirex es el nombre de un rey legendario que, según ciertos escritos, expulsó a los romanos de sus tierras utilizando dicho tesoro, proviniendo su nombre de Odiis Rex, Rey del Odio. Tras algunos percances, Erasmus Darwin y Jacob Pole ingresaran al interior de la cueva, donde hallarán algo tan increíble que asombrará al lector más curtido (a menos que cometa el error de leer la contratapa del libro, que sólo consigue arruinar la sorpresa). Dicho descubrimiento permitirá también al magíster esbozar una serie de ideas que posteriormente serán desarrolladas por su no menos famoso nieto.

Finalmente, en El inmortal de Lambeth, una bestia legendaria asola los alrededores de un molino cercano a Norfolk. Erasmus Darwin es llamado para examinar las heridas del único sobreviviente a una masacre, posiblemente efectuada por el monstruo local, una bestia de la cual nadie tiene idea de su aspecto, pero que suele atacar durante las noches de luna a quienes se acercan al inmenso molino de los Alderton, familia de terratenientes que cuenta con un último descendiente, provisto de un manuscrito con misteriosas anotaciones realizadas por su abuelo, relativas al molino y la luna llena… Si hay un monstruo en esta ocasión, aunque su origen no sea sobrenatural, y volveremos a ver a Erasmus Darwin utilizando tanto su intuición como un curioso artefacto fabricado por relojeros. La escena en la cual se descubre la identidad del monstruo, que magistralmente se nos ha ocultado hasta ese momento, es simplemente una joya de antología, que nos demuestra que una buena historia de ciencia ficción puede construirse con los elementos más simples y prosaicos.

Eso si, una advertencia: no lean la contratapa. No dejen que les arruinen la sorpresa.

Cuento: La medusa (Adriana Alarco de Zadra)

Me estoy disolviendo por el terror. El agua sigue aumentando con fuerza increíble. Mis células se están volviendo cada vez más delgadas y trasparentes.

Debo buscar un lugar donde refugiarme. Los golpes arrecian y no sé hasta cuando voy a poder resistir. Me siento tan mal que si me dijeran que he muerto no me sorprendería...

Los humanos han encontrado la forma de sobrevivir, tienen trajes especiales, cuevas esféricas con oxígeno y luz que se filtra por los resquicios, a través del agua. Son tan creativos que tienen su bola de aire bajo el océano hace mucho tiempo y lo poblaron con sólo un grupo pequeño. Ahora está repleto de gente que se atropella por entrar en el recinto. Trato de estar a la larga. Observo desde mi espacio acuático la lucha que despliegan y el combate de unos contra otros. Son fieros, arrogantes y desmedidos. No así los seres más inteligentes como yo. ¡Me llaman Medusa! Como si fuera una gelatina flotante... Lo cual no es verdad, absolutamente. Soy transparente, elástica, me muevo en el agua con agilidad, escojo la forma que más me acomoda para desplazarme y cuando tengo apetito, me uno a otro ser semejante a mí y lo absorbo.

Los seres humanos que habitan la bola desde hace mucho tiempo, nos han estudiado y se refieren a los de mi especie como a caníbales. Nada más alejado de la verdad. Nosotros le damos vida a nuestros semejantes dentro de nosotros mismos. Así, pensamos con sus mismos pensamientos; crecemos con sus mismos genes; gozamos con su misma felicidad. ¡Qué más quieren!

Los humanos no comprenden.

He visto que ellos traen trajes especiales que usan tanto dentro como fuera del agua.

El planeta se está cubriendo de agua y cada vez hay menos territorio, por eso están buscando desesperadamente lugares para sobrevivir sobre naves que flotan, que vuelan o que bajan a las profundidades submarinas. Así es como han encontrado el refugio secreto submarino, la esfera de las profundidades.

Pero no se quitan sus trajes completamente aún en esas cuevas oxigenadas. Se mueven en forma lenta y torpe. No son delicados y armoniosos como nosotras. Han desarrollado la técnica de rodear los obstáculos más fáciles con la mayor dificultad.

Veo que sus trajes son experimentales porque no los conocen muy bien. Yo floto en las aguas circundantes y los observo. Me acerco a las paredes transparentes que cubren el recinto y veo que algunos de ellos se desnudan el torso y se detienen bajo una luz tan fuerte que me hace huir de la esfera submarina porque produce calor, que yo odio y me desfigura. Probablemente quieren inmunizarse contra bacterias y “bichos acuáticos” como nos llaman a nosotros.

En medio del golpe de las aguas que a ratos me aleja del grupo humano que llega en tropel hacia las profundidades, veo que las nuevas personas no pueden entrar a la esfera. Hay demasiada gente adentro. Se empujan, se enojan, se embisten. El terror es contagioso.

Están más protegidos que nosotros embestidos por las corrientes marinas. El traje inteligente que los cubre se infla y los ayuda a flotar sobre el agua, a nadar y desplazarse y también, quizás, a volar por los aires. Al observar sus botas veo que están implementados con ganchos para recoger sustancias del suelo. Probablemente las analizan. También sus guantes investigan los componentes de las algas y corales que rozan. Son impresionantes los cuchillos que llevan en diferentes partes del cuerpo. Lo mejor es mantenerse alejados prudentemente de estos seres humanos. Pueden ser agresivos, violentos, destructores. No creo que usen sus armas solamente para su defensa porque cortan cualquier cosa con ellos, si les molesta o está a su paso.

No digo que se volverán como nosotros, armónicos y sencillos. No tengo esa esperanza ni los creo seres tan superiores como para eso, pero podría ser que imiten nuestras costumbres en cuanto el territorio se les haga más pequeño. La esfera submarina tiene límites y ellos no pueden resistir bajo las aguas sin sus trajes que los cubren, los protegen, los ayudan a pensar, pues tienen más capacidad que ellos mismos. ¿Quién los habrá inventado? Posiblemente algún ser acuático. Alguna “medusa” de las profundidades.

Veo que ya algunos humanos deciden salir del refugio y explorar el nuevo territorio coralífero que descubren ante sus ojos. Los observo desde lejos aunque no escapo. He venido para tener el placer de irme cuando se me antoje. Ellos no lo pueden hacer. La tierra casi no existe. El océano se apodera de sus territorios secos poco a poco. Deben estar atentos al cuidadoso consumo de cada recurso que poseen pues de ello depende su supervivencia. ¿Cómo desean lograr sus objetivos sin son tan frágiles y torpes?

Ahora veo que se mueven hacia la superficie de las aguas. Cuando han pasado a mi lado he descubierto que en los hombros, el traje inteligente lleva agujas que inyectan líquidos vitamínicos y energizantes si las vibraciones del cuerpo humano dan a entender que está flaqueando por debilidad o ataques externos. Eso los mantiene activos.
A través de las aguas me doy cuenta que alzan vuelo a ras de la superficie como ciertas aves marinas. ¿Van en busca de otra esfera de las profundidades? ¿O quieren escapar a su ineludible destino?

En la bola submarina empieza el caos y la devastación. Yo lo anuncié. Los imitadores son ellos. Los habitantes que quedan en la esfera ya no pueden ni moverse por falta de espacio. Se empujan y golpean. Rompen unos a otros sus trajes con cuchillos afilados. Brota a chorros el líquido rojo que llevan dentro y se dan mordiscos con furor y saña. Ellos también quieren sobrevivir con las virtudes de los otros de su misma raza.

Así es como pensarán sus mismos pensamientos; crecerán con sus mismos genes; gozarán con su misma felicidad. La fiera capacidad de los seres que luchan por su vida es inaudita y los lleva a todos por un mismo camino. Algunos desaparecen para alimentar a los otros. No hay nada nuevo bajo las aguas. Dejemos las novedades para los más ancianos que sólo desean rejuvenecer.