viernes, 5 de febrero de 2010

Cuento: El nombre no es importante (Daniel Salvo)

EL NOMBRE NO ES IMPORTANTE
A Isaac Asimov, por supuesto

¡La Fundación existía! Gloriosa y brillante, extendía su bienhechora influencia a través de los brazos de la espiral de la galaxia. Incontables mundos se hallaban bajo su égida. Grande era su poder y su sabiduría, al punto que los ciudadanos de la galaxia decían indistintamente "Fundación" o "Imperio" para referirse al más perfecto sistema de gobierno conocido. Nunca antes la humanidad había tenido una conciencia tan total del orden, el progreso y la prosperidad.
Y todo se lo debían a un hombre.
Este hombre, a diferencia de otros Mesías del pasado humano, no era una figura legendaria cuyos orígenes se perdiesen en la bruma del tiempo. Había tenido un nombre, familia, defectos, virtudes, voz, imagen... pero fue su descubrimiento trascendental, la Psicohistoria, lo que lo había destacado por encima de toda la humanidad, al punto de ser casi deificado, en la medida que esto era posible en el nuevo Imperio Galáctico nacido de la paciente labor de la Fundación.
Como señal de reconocimiento, la gente se refería a él como "Padre Fundador", el Primero, el Creador de la Psicohistoria... La noción general era que no se trataba de un ser humano normal.
Su vida seguía siendo materia de estudio y ejemplo para los ciudadanos del Imperio, de manera que, sorprendentemente, siempre se obtenían nuevos descubrimientos que arrojaban nuevas luces acerca de la personalidad del Fundador. Hasta que un día...

* * *

- ¿Acaso otra crisis? - preguntó ansiosamente Tossem Amur.
- Y de las peores, Tossem. Ataca los mismos cimientos de la Fundación.
Tossem Amur y Dameth Gomm eran, respectivamente, Jefe y Secretario del Proyecto Biografía. Dicho proyecto, a su vez, se basaba en un descubrimiento trascendental: la coexistencia de planos temporales y la posibilidad de moverse entre ellos... de cierta manera. Dicho de otra forma, una especie de "viaje en el tiempo", gracias al cual se podía producir una serie de "efectos" en diferentes planos temporales sin necesidad de "estar" ahí. Se lograba este prodigio mediante la proyección de haces de energía convergentes que eran polarizados en una especie de túnel, compuesto por estrías alternadas de que ofrecían a los ojos de un espectador casual la impresión de una oquedad en espiral en la que se alternaban los colores blanco y negro, extremos cuyas combinaciones y graduaciones permitían el efecto de “avance” o “retroceso” en el tiempo. Según la proporción de estrías activadas, el efecto se proyectaba en una u otra dirección temporal, es decir, hacia el pasado o hacia el futuro.

Las primeras pruebas habían ocasionado algunos problemas. Los habitantes del pasado (o hipotiempo) habían percibido los puntos de focalización como luces brillantes o artefactos de procedencia desconocida, dando origen al llamado "fenómeno OVNI". Tras décadas de investigación, se había logrado superar dichos efectos indeseados, de modo que cualquier época humana podía ser investigada sin que sus habitantes lo percibieran.
Fue la posibilidad de hurgar en el pasado la que dio origen al Proyecto Biografía. ¡Imaginen tener un registro total de la vida del Fundador! ¡Su nacimiento! ¡Sus estudios! ¡Sus palabras! ¿No era eso magnífico, un justo homenaje para el creador de la psicohistoria?
El Proyecto Biografía estaba listo. Tossem Amur y Dameth Gomm habían previsto la fecha de inicio de la primera exploración en la vida del Fundador, cuando sobrevino la catástrofe.
El origen de la catástrofe se debió a otro descubrimiento. Julbo Buno, estudiante de psicolingüística y neuromorfemas, había aplicado una serie de ecuaciones (de su propia inspiración) a las obras y dichos compilados del Fundador. Y lo que descubrió fue algo pavoroso, algo que para una mente educada fuera de los parámetros de la Fundación solo podría tener un nombre: herejía.
¡El Fundador no había descubierto la psicohistoria!
Es decir, históricamente hablando, el Fundador efectivamente había descubierto, teorizado y escrito sobre la psicohistoria, sentando las bases de su posterior desarrollo…, pero el análisis de Buno demostraba que el concepto en sí no podía haber sido creado por el Fundador de ninguna manera. No le pertenecía.
Milenios de evolución y desarrollo del análisis lógico y matemático fueron aplicados a las ecuaciones de Buno. Lo único rescatable de la crisis fue la comprobación de la genialidad del estudiante, a la altura de la del propio Fundador... si es que así era.
El descubrimiento no fue difundido más que en ciertos círculos académicos y gubernamentales muy restringidos. El propio Emperador estaba inquieto. Milenios de seguridad y esperanza puestos en un solo hombre podrían venirse abajo. La veneración de la memoria del Fundador era una piedra angular para el funcionamiento del Imperio Galáctico...
La conclusión lógica era unívoca: alguien más le había dado al Fundador la idea de la psicohistoria.
El reconocimiento de esta variable, que era la única que permitía la solución del problema planteado en los términos de la teoría descubierta por Julbo Buno, proporcionó un respiro de alivio a los científicos. Incluso se habló de la inevitabilidad psicohistórica que había permitido la aparición simultánea de las teorías de Buno y el desplazamiento en el tiempo. La solución a la crisis resultó, entonces, obvia: alguien debía "ir" al hipotiempo, a la propia época en la que había vivido el Fundador, y darle las nociones básicas de la psicohistoria. Las ecuaciones mostraban que, a partir de ese instante, el suceso desencadenaría los eventos que conducirían al presente y la Fundación sería establecida. Solo restaba una cosa: encontrar el momento y lugar oportunos para comunicarle al Fundador la noción de la psicohistoria.

* * *

Era un lugar como ha habido muchos en la historia. Un mostrador con bebidas, unos asientos, mesas, humo, música y risas. Un individuo se sentaba en un rincón, bebiendo pensativamente de un vaso de cristal.
Su rostro adoptó una expresión de fastidio ante el desconocido que se sentó frente a él. Había algo que le molestaba en el recién llegado: su tez tan blanca, su calvicie, su acento. Sus ropas parecían grandes trozos de tela con botones dibujados. Su acento era indefinible.
- Usted no me conoce, pero soy un gran admirador de su obra.- empezó el desconocido. El otro siguió bebiendo en silencio.
- Usted es conocido como un gran científico, y eso es algo muy interesante y una tarea muy adecuada para nuestra época. Pero nada de su trabajo destaca excesivamente respecto al resto de sus colegas... Sin embargo, sus otros escritos le están dando a su nombre una fama creciente. No se enoje, pero creo que tengo una idea de un tema que lo eternizará en la memoria de la humanidad. Usted sabe cómo nos gusta a los humanos que nos hablen de nosotros mismos.
Las luces del lugar se apagaron repentinamente, pese a lo cual, el desconocido seguía siendo perfectamente visible. Poniéndose rígido, recitó estas palabras:
- Imagínese una nueva ciencia que permita predecir los comportamientos de multitudes de personas, una ciencia que prediga qué tendencia seguirá la historia con siglos, milenios de anticipación, una ciencia que podríamos llamar psicohistoria. Imagine exponer estas ideas bajo la forma de una novela o un cuento…
Los ojos de Isaac Asimov se animaron. Súbitamente, se caló sus gruesas gafas para ver mejor a su interlocutor.
- Siga, siga hablando. Esto, señor...
- El nombre no es importante - dijo Julbo Buno.
¡El camino hacia la Fundación había comenzado!