miércoles, 19 de agosto de 2009

Cuento Humo azul (José de Piérola)

Humo azul


Aunque sólo han transcurrido tres días desde mi llegada, gracias a las facilidades que me brinda el gobierno que me ha acogido, escribo estas líneas para que sean difundidas por la Cadena Mundial de Mensajería Neumática. Hubiera preferido perderme tranquilamente entre los exilados que transitan las anchas calles de Tenerife, olvidado para siempre, pero la importancia del balance estratégico mundial, así como una poderosa razón de consciencia, me obliga a cumplir con una última responsabilidad antes de desaparecer de los despachos de prensa.


Debo señalar, sin embargo, que no escribo con el propósito de dañar la reputación de los miembros del Consejo, gente proba más allá de cualquier sospecha. Debo señalar, además, que el arduo trabajo del Consejo durante los últimos ocho años, visto en retrospectiva, ha sido quizá el más brillante de la Era Postbellum. Sé, por ejemplo, que, desde que se descubriera en la famosa Bóveda de Tiempo Número 5, los textos completos de los cuatro escritores-cuyos nombres se conocían sólo por referencias fragmentarias- ninguno de los miembros del Consejo vaciló un instante en aceptar la inmensa responsabilidad que recaería sobre ellos. Después de tantos años de literatura anónima, era posible, por primera vez, nombrar no uno, sino cuatro autores. Pero antes, era imprescindible elegir a uno de ellos como el centro del canon, la referencia absoluta, la vara con que se mediría la excelencia de todo lo escrito, la semilla para la producción literaria del futuro. Sin embargo, la Tarea no fue fácil.

Pocos saben cuánto trabajó el Consejo desde el día en que se abrió la bóveda de tiempo hasta la tarde en que se alzó la voluta de humo azul desde el último piso del Ministerio de Diseminación de Información. Durante los primeros cinco años, las largas sesiones, grabadas en tambores de ferrita para la posteridad, consistieron en análisis minuciosos, línea por línea, de los textos de los cuatro escritores. Cada vez que se encontraba una cualidad sobresaliente en uno de ellos, aparecían, de inmediato, cualidades semejantes en los otros tres. El análisis volvía, entonces, a la primera línea, al texto anterior, al escritor anterior, en un espiral que los envolvía interminablemente sin que pudieran discernir el paso de las horas. No era raro que el Consejo trabajara desde el alba hasta el crepúsculo.

Sin embargo, a pesar del minucioso análisis de la obra de los cuatro escritores, después de cinco arduos años, el Consejo no había llegado a ninguna conclusión. Las obras, aunque disímiles en cuanto a los temas, estilos y técnicas narrativas, eran de calidades equivalentes. El Consejo, presionado cada vez más por la llegada constante de cápsulas exigiendo resultados, trataba infructuosamente de completar la Tarea. El quinto año, por ejemplo, se recibieron medio millón de cápsulas neumáticas de los lugares más remotos del país. Como se sabe, aquel año la Primera Ministra había difundido un mensaje por la Red Nacional de Mensajería Neumática, justificando el reclutamiento masivo de escritores anónimos para el Ministerio de Diseminación de Información, ya que, según explicó, la demanda pronto excedería la producción. También aquel año hubo grupos que marcharon por las calles. Unos querían que el Consejo autorizara la relectura de viejas obras. Otros pedían el cierre de los incineradores oficiales. Los más radicales, bajo el emblema "SCRIPTOR EX FABULA", llegaron a exigir que se incluyera el nombre del autor en las obras literarias.

Quizá esta presión excesiva provocó la enfermedad de la Presidenta del Consejo, que, siguiendo recomendaciones médicas, tuvo que someterse a frecuentes baños de sales en una tina especialmente diseñada por el Instituto de Enfermedades Meridionales. Fue en vano que, en un intento por continuar con la Tarea, el Consejo mudara su sala de deliberaciones al baño, especialmente acondicionado, donde la Presidenta, detrás de un biombo de vidrio pavonado, se sometía al tratamiento. A la dificultad de las discusiones, entorpecidas por el eco de las paredes de mármol, se sumó el efecto nocivo de los salinos vapores en los textos originales. Esto hizo imprescindible la interrupción de tal arreglo. Todavía recuerdo cuando la Cadena Nacional de Mensajería Neumática difundió la noticia: Debido a su enfermedad, la Presidenta del Consejo se veía obligada a pedir su pase al retiro, consciente de que su decisión irrevocable afectaría irremediablemente la historia del país. Y no podía ser de otra manera. Es cierto que el orden de sucesión dentro de los miembros del Consejo era de dominio público, pero también es cierto que el retiro de la Presidenta dejaba una poltrona libre, lo cual impedía la continuación de la Tarea. El nuevo Presidente del Consejo, después de la ceremonia de investidura en la Casa de Gobierno, propuso suspender la Tarea hasta que se llenara la poltrona vacante. Dos días después, también, la CNMN anunció que el más joven de los miembros del Consejo, consciente de su falta de experiencia en un proceso semejante, había pedido su separación temporal, ya que, según declaró, su presencia sólo entorpecería las deliberaciones. Desde entonces, por un lapso de tres meses, los cinco miembros restantes se dedicaron íntegramente al proceso de selección.

Tampoco fue fácil. El primer candidato, por ejemplo, recomendado por la Universidad de Dominica, además del Capellán Mayor de la Metrópolis de Tulsa, llegó a la entrevista tan nervioso que el Consejo decidió suspenderla, otorgándole el día libre para que paseara por los Jardines Botánicos. Lo cual resultó acertado, porque regresó, al día siguiente, más calmado y cargado de voluminosos legajos que pensaba usar a su favor. Ya en la entrevista, siendo de rigor la imparcialidad de los candidatos, se le preguntó, como tema inicial, si tenía alguna preferencia entre los cuatro escritores. El candidato, mirando con ojos grandes, azules, que contrastaban con su mentón recién afeitado, dijo que sí, tenía una preferencia, al tiempo que depositaba sobre el tablero los dos inmensos legajos que había traído consigo.

Desde el descubrimiento de la Bóveda de Tiempo Número 5, empezó diciendo, gracias a las copias facsimilares que obran en poder de la Universidad de Dominica, he estudiado metódicamente los textos de los cuatro escritores. Aunque al principio me parecieron equivalentes, después, cuando empecé a comparar los temas, más allá de las proezas estilísticas, pude comprobar que uno de ellos era definitivamente superior. Los resultados de mis estudios, continuó, aparecen en estos manuscritos documentados con exhaustivo detalle.

¿Los tiene grabados en un tambor de ferrita?, preguntó el Consejo. El candidato, con una sonrisa de orgullo, depositó en el tablero un reluciente tambor de ferrita con los sellos oficiales de su universidad. Déjenos el material, dijo el Consejo, lo usaremos en nuestra deliberación; mientras tanto puede esperarnos en el recibidor, donde encontrará algunas exquisiteces traídas de la República Panafricana, incluyendo un estupendo vino de Ciudad del Cabo.

Asombrado por la rapidez de la entrevista, el candidato siguió a un ujier segundo hasta el Recibidor del Consejo, donde comió algunos canapés de soya, pero antes de que pudiera tomar la primera copa de vino, un ujier primero le comunicó que el Consejo sentía mucho no poder concederle la poltrona vacante, rogándole, además, su comprensión por no devolverle ni el manuscrito ni el tambor de ferrita. El candidato, rojo de ira, pensó reclamar, pero no pudo, porque dos guardias nacionales, después de leerle sus derechos, ya lo escoltaban al primer piso. Allí lo embarcaron en un transportador oficial que lo llevó al Instituto de Estudio de Conductas Excéntricas de Tierra del Fuego, donde sigue incomunicado hasta el día de hoy. El Consejo decidió, además, retirar las copias facsimilares de las siete universidades del país.

Sin adelantarme a los hechos, debo señalar que no todos los candidatos fueron tratados de manera tan sumaria, ni tan severa. Algunos, como el profesor de la Gran Europa, que luego de veinte años de vivir en nuestro país se había naturalizado para trabajar en el Ministerio de Poesis, asistió a dieciocho entrevistas consecutivas, que abarcaron extensas discusiones sobre los autores de la Era Antebellum, además de otros textos antiguos menos conocidos. El profesor, sin embargo, se retiró de manera voluntaria, ya que él mismo consideró que su vasto conocimiento de la literatura antigua podría influir negativamente en la Tarea. Hecha pública su decisión en la CNMN, la Primera Ministra le envió sus felicitaciones.

Sería largo, además de innecesario, enumerar todos los candidatos entrevistados. Sin embargo, es pertinente señalar a la última, la que ocuparía la poltrona vacante en el Consejo, convirtiéndose, además, en el miembro más joven de la historia. Pero eso no es lo asombroso. Lo increíble es que esta joven ocupara semejante cargo sin haber leído nunca obra literaria alguna. ¿Cómo había llegado al Consejo? La respuesta es simple. Desde que terminó su educación elemental, debido a sus aptitudes para el pensamiento algorítmico, pasó directamente a trabajar como aprendiz en el Instituto de Computación Bioneumática, el mismo año en que, previendo la escasez, la Primera Ministra había aprobado el presupuesto especial para el desarrollo del Gran Permutador, el súper computador bioneumático que produciría obras literarias a partir de textos canónicos almacenados en tambores de ferrita de alta capacidad. La candidata fue asignada a la Unidad de Estilo que desarrolló el dispositivo bioneumático que convierte una obra cualquiera a un estilo previamente almacenado en tambores de ferrita. Como los demás miembros del equipo, ella también firmó un contrato en que renunciaba temporalmente a su primer derecho constitucional, el derecho a la lectura. En cinco años, por lo tanto, no había podido acceder, legalmente, a ninguna obra literaria.

Terminado el Gran Permutador, todos los miembros del equipo fueron felicitados por la Primera Ministra. En la misma ceremonia, la directora del Instituto de Computación Bioneumática, aclaró que semejante avance tecnológico no hubiera sido posible sin el genio del dispositivo concebido por nuestra joven candidata. Declaración excesiva, pero que llevó a la Primera Ministra a proponerla para ocupar la poltrona vacante del Consejo.

Cumplida la ceremonia de investidura en la Casa de Gobierno, ya completos sus siete miembros, el Consejo reanudó la Tarea. Es cierto que la nueva integrante participó con el mismo empeño que los demás, pero también es cierto que fue ella quien propuso discutibles estrategias para el análisis de los textos. Al principio, como es natural, los demás miembros del Consejo, experimentados en análisis literario, se negaron. Pero, poco a poco, en una labor de convencimiento en que no escatimó el uso de su capacidad para el pensamiento algorítmico, empezó a ganar la aprobación de los demás miembros, menos uno. Es así como se aceptaron, por mayoría simple, cada una de sus propuestas.

Sin embargo, todavía transcurrieron tres años sin que el Consejo eligiera a uno de los cuatro escritores. Fue durante esos años, en especial, durante el último, que la joven miembro llegó a ejercer cada vez mayor influencia, proponiendo métodos cada vez más objetables, hasta llegar al último, el inaceptable. Pero el Consejo, presionado por los nuevos grupos extremistas que empezaron a marchar por las calles, presionado por la llegada masiva de cápsulas neumáticas, presionado por las visitas constantes de la Primera Ministra, se vio obligado a tomar una decisión. No es necesario describir la algarabía general que se produjo en todo el país cuando las primeras volutas de humo azul se alzaron en el cielo de la tarde. Pero, mientras el país entero celebraba, yo meditaba sentado junto al amplio ventanal de mi oficina, hasta que, ya casi a la madrugada del día siguiente, obligado por mi consciencia, tomé una decisión sin precedentes en nuestra historia, y usando mi privilegio como Presidente del Consejo, fleté el transportador oficial que me trajo al Santuario Mundial de las Islas Canarias, donde he pedido asilo.

Mi decisión de abandonar el Consejo cuando empezaría su época más gloriosa, se debe a que no puedo aceptar que un asunto tan importante para la historia de mi país, tan importante para el mundo entero, se haya decidido, bajo la malsana influencia del miembro más joven, con una suerte equivalente al abyecto rodar de unos dados.

Presidente del Consejo, en exilio Metrópolis de Tenerife, al último día de febrero del Año del Canon.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Reseña: Revista NM N° 1 (Ediciones Turás Mor)




Revista NM 01 http://www.revistanm.com.ar/content/001/index.html
Ediciones Turas Mór
Surinvierno de 2006 http://www.revistanm.com.ar/index.html

Al fin puedo comentar esta alucinante revista que ya va por los trece números, así, tranquila y sin aspavientos. Pongo alucinante por que estamos ante un caso casi perfecto de lo que es utilizar los recursos de la internet elevados a toda su potencia. Para comenzar, la revista NM es gratuita, puede leerse en sus versiones en línea, fuera de línea o, para quienes extrañen el papel, en su versión imprimible. Un verdadero acierto de su director, Santiago Oviedo.
Y es que desde el Editorial del primer número, asistimos a una historia fascinante y cercana, que refleja de modo bastante realista las dificultades que debe afrontar quien quiera que desee iniciar una aventura editorial. Quien crea que editar un fanzine o una revista virtual es algo fácil, está muy errado. Seleccionar textos, diagramar, editar, corregir, buscar ilustraciones, realizar los trámites del caso (Editorial Turas Mór es bastante pulcra en ese sentido, al punto que me ha sido difícil conseguir un gráfico de la portada, que habría venido de perlas tenerlo en toda su extensión, para efectos de la presente reseña). De otro lado, el editorial nos narra la historia de la publicación, rindiendo un sentido homenaje al fundador de la misma, Daniel Croci, fallecido en 2004. En ese juego de homenajes y continuaciones, nos enteramos que la aventura de NM nació en 1983, de la mano de Daniel Croci y otros puntales de la ciencia ficción argentina, y que en ese entonces se llamó "Nuevomundo".
Hoy tenemos a NM, obviamente sin Croci pero si con Oviedo, con una calidad y variedad que ya la quisieran muchos editores y autores que no se dedican al terror, la fantasía o la ciencia ficción. Pero ya es suficiente de editorial. Echemos un vistazo al jugoso contenido (y eso que sólo hablamos del primer número).
El último viaje de Octavio , por Sergio Gaut vel Hartman. Una mujer bella y misteriosa. Un desplazamiento en el espacio y en el tiempo. Un libro que parece tener vida. ¿O acaso todos los libros están vivos y no nos damos cuenta? En todo caso, Sergio Gaut vel Hartman parece advertirnos que las fronteras entre realidad y ficción nunca estarán del todo claras. Para suerte de algunos y desgracia de otros.
Breve e incompleta cronología de la ciencia ficción en la Argentina (1940-1986) Las fechas límites son engañosas. Si bien esta cronología llega "solo" hasta el año 1986, constituye un verdadero diluvio de información acerca de autores, revistas, colecciones e historietas de ciencia ficción argentina. Completísima.
Malditos bichos, por Adrián N. Escudero Deslumbrante relato que nos lleva a cuestionar nuestro lugar en el universo y nuestras nociones sobre los orígenes de las religiones reveladas. Si Dios efectivamente existiera, ¿estaría obligado a revelarnos todos los misterios de su creación? ¿Podríamos dejar de ser "sus hijos"? Ya lo proclama el evangelio: "El que hace la voluntad de Dios es mi hermano, y mi hermana, y mi madre". Prepárense a conocer a otros piadosos hijos de Dios...
Sólo trabajo, por Ricardo G. Giorno Un relato en la línea de "El examen" de Richard Matheson, en el cual el sentimentalismo del norteamericano es reemplazado por el prosaico costumbrismo de clase media que sirve a los protagonistas para ocultar, tras una fachada de pragmatismo, el eterno temor a la muerte y el dolor que siempre causan las grandes pérdidas.
Gente que busca genes, cómic a cargo de Dicierbi-Frattini Se nos puso interdisciplinaria la revista, ¿vio? Descacharrante humor a través del cual los autores acaso exorcisan el peso de ser argentinos.
El vendrá por mí a medianoche , por Daniel Barbieri. Daniel Barbieri es el seudónimo del fallecido Daniel Croci, fundador de la revista Nuevomundo en 1983. Casi veinte años antes de su muerte, elaboraba ficciones en las que perspectivas tan dispares como el satanismo y el psicoanálisis se daban la mano para sacudirnos con nuevos horrores. El protagonista, agostado por una infancia infeliz, es sometido a la tortura de no saber si el horror en el que vive es originado por el decadente entorno social en el que se desenvuelve, o hay otras causas, no por inverosímiles, menos reales.

Reseña: Un único desierto (Enrique Prochazka)




Un único desierto

Colección Terra Incognita

Serie Narrativa

Australis

Lima, Marzo 1997


Con la reedición de "Un único desierto" por parte de la Editorial Matalamanga , se hizo justicia a uno de los cuentarios más originales de la década pasada. La obra de Enrique Prochazka está concitando un más que merecido reconocimiento por la excelente trayectoria que demuestra a través del libro mencionado, además de su novela "Casa" y "Cuarenta sílabas, catorce palabras", recientemente reeditadas por la editorial española 451 .


Para efectos de la presente reseña, utilizo la primera edición, un excelente y bello trabajo a cargo del humanista Alexander Forsyth , a quien tuve la suerte de conocer en el reciente evento sobre literatura fantástica que organizó el CELAP. Acaso contrastando con la de su reedición (sería bueno que Ivan Thays retomara el blog "Basta de carátulas"), la portada de la edición de Australis es de manufactura exquisita, aportando un plus al ya de por sí sobresaliente contenido. Además, el volumen tiene un valor sentimental, pues me lo obsequió el propio autor.


Antes de comentar los cuentos que componen "Un único desierto", quisiera dejar en claro que considero a Enrique Prochazka un escritor fantástico... y original. Hay, supongo, alguna vinculación a lo borgesiano en su narrativa, pero en modo alguno estamos ante un epígono, lo cual puede ser apreciado a la primera lectura de cualquiera de sus ficciones. Otra aclaración, dirigida a los potenciales lectores de estos cuentos, es que si bien estamos ante un escritor complejo, no estamos ante un escritor difícil o incomprensible. Hay en sus cuentos reflexión, filosofía, cuestionamiento de la realidad y ecos de avanzadas meditaciones sustentadas en ciencias abstractas como las matemáticas, pero todo ello en nada impide disfrutar las vicisitudes y aventuras de los protagonistas de sus cuentos. Así, podemos seguir con asombro y deleite el desencuentro entre sendos representantes de culturas distintas, la prometeica epopeya de un ladrón de energía eléctrica, la continuación de la temática orwelliana de "1984", el entrecruzamiento de realidades paralelas y el maravilloso viaje de un porquerizo en busca de la sabiduría. Definitivamente, la obra de Prochazka es más de lo que aparenta: una obra plena de lo que los aficionados a la ciencia ficción y la fantasía llamamos sentido de la maravilla . Con eso, creo que tendríamos suficiente, pero tratándose de Prochazka, hay mucho más.


Presentación A cargo del editor y promotor cultural Alexander Forsyth , quien también estuvo a cargo de la portada (que habría sido magnífico que se hubiera vuelto a utilizar en la reedición del libro). En sus propias palabras: "He aquí un notable conjunto de relatos en los que las ideas en sí son cuasi-personajes imbricados en hermosas y finas ficciones, en ellos lo fantástico se proyecta en toda dirección, alcanzando incluso al propio autor, quien, convertido en personaje, es también objeto de ficción, sujeto de esa pasión fabuladora - exuberante y contenida a la vez - que nos llevará de seguro a un mundo primordial compuesto de imaginación y sueños ". Elegante y profundo, Alexander Forsyth es un plus a ser considerado como parte insoslayable de "Un único desierto".


Orbis Tertius Suerte de manifiesto pro humanitas, desde nuestro más remoto pasado hasta el inimaginable futuro. A cargo del poeta Daniel Smisek.


El premio.- Un arquero que no puede fallar nunca. Un reino que lo honra con una elevada posición militar. Su habilidad será puesta a prueba no por algún feroz enemigo, sino por un aparentemente débil cortesano.


Conquistador.- Con reminiscencias a "Pincher el náufrago", un guerrero español de la época de la conquista sobrevive a las inhóspitas condiciones de una isla desierta. Pero no sólo es su cuerpo el que empieza a ser afectado por las condiciones en que se encuentra.


Acero.- Magistral relato, que trata sobre el lenguaje y sus límites, así como sus propiedades. Desde una óptica "primitiva", se describe un aciago primer encuentro (¿con humanos? ¿con extraterrestres?). La incomprensión final del protagonista se resuelve en la comprensión final del lector.


Los dos monstruos.- En realidad, hay varios monstruos en esta breve historia que hunde sus raíces en la mitología grecorromana, particularmente, en el mito de Teseo y el Minotauro. Pero no sólo la mezcla imposible de un toro y de un hombre puede ser monstruosa: también los objetos construidos por la mano del hombre, cuando su construcción obedece a reglas más allá de la razón.


La mano de Kazka.- O lo que sucede cuando las diferentes partes del cuerpo adquieren vida propia y deciden hacer cada una su voluntad. El final es totalmente inesperado.


Dios.- La lucha entre los poderes terrenal y espiritual (no importa si éste último es falso o no).


Cáucaso.- Un cuento que, además de su casi perfecta ejecución, bien podría servir para darles por el culo a esos que opinan que la literatura peruana debe estar ambientada únicamente en nuestro país y ser una suerte de exposición de nuestras miserias. Por que "Cáucaso" lo es... pero con un reverso mitológico de fuentes grecorromanas que no es difícil de captar, y le da al relato un sabor de epopeya a lo que sería un mero robo de energía eléctrica. De antología.


Taylor.- Una historia fantástica en la que coexisten dos realidades que se llegan a cruzar: una en la cual un prisionero quiere escapar de su prisión por medios poco ortodoxos y otra en la cual un valiente guerrero se enfrentará a un poderoso mago, quien hará uso de su hechicería para enfrentarlo. ¿Que ambas historias no tienen nada en común? Lean y sorpréndanse.


El breve mar.- En un futuro no muy lejano, se ha logrado una proeza de ingeniería: represar agua del mar en un punto cercano a la costa norte del Perú, a fin de aprovechar la diferencia entre niveles para generar electricidad. Por misteriosa casualidad, se tiene acceso a los planos originales de la obra, planos que no son del todo producto de cálculos matemáticos, sino de especificaciones menos convencionales. Un relato en el que reverberan ecos de la mitología griega mezclada con las misteriosas dotes de los brujos del norte de Perú.


Hallazgo de la fruta.- ¿Puede un objeto tan aparentemente prosaico como la fruta que se sirve de postre convertirse en el punto de partida de una ceremonia, de una tradición familiar? Lo insólito nos acecha desde los lugares más inusitados.


2984.- ¿Si el mundo descrito por Orwell en "1984" se hubiera materializado? ¿Y si durase mil años? Orwell postulaba una dictadura perfecta, invencible e inamovible. ¿Tendría razón?


Happy End.- ¿Qué podría inspirar a la Humanidad a buscar su propio fin? Podría ser la carga de la culpabilidad por un pecado original e incomprensible, o la última forma posible de la vanidad: ofrecer un espectáculo, una obra de arte que sólo pueda ser contemplada por Dios.


El porquerizo.- Leí éste cuento en la antología "Las fabulas mentirosas y el entendimiento.El cuento en la Universidad Católica: 1917-2000", y sólo comentaré lo siguiente: es el único cuento que he releído de dicha antología. De principio a fin (y de fin a principio), es un viaje fantástico por el medioevo, en el punto de confluencia de oriente y occidente, donde cada ciudad, cada personaje, cada circunstancia es un fuego de artificio encendido a plenitud. El porquerizo no es un héroe de la espada, pero su periplo es un tour de force, una quete du Graal... y un deja vu.

Reseña: El sindicato de policía yiddish (Michael Chabon)



El sindicato de policía yiddish
Michael Chabon
Premio Hugo 2008
Definitivamente, El sindicato de policía yiddish es una estupenda novela de... Michael Chabon (pronúnciese cheibon). Nutrido de lecturas de todos los géneros habidos y por haber, Chabon tiene unas más que interesantes opiniones sobre el género, la narrativa, la literatura y la libertad de escribir.
Claro que lo que es el cielo para unos puede ser el infierno para otros. El sindicato de policía yiddish es una novela donde se nos ofrece una historia alternativa, el famoso qué habría pasado si... no se hubiera creado el estado de Israel en 1968 y los judíos hubieran sido desplazados a un territorio llamado Sitka, situado al norte del Canadá. Tal es el marco alternativo principal en el que se encuadra la novela de Chabon, y acaso uno de los poquisimos elementos de ciencia ficción reconocibles.
Porque no estamos ante una serie de descripciones contrafácticas que constituyan el reverso tenebroso de nuestra actual realidad. Una vez que situamos a la comunidad judía en el imaginario territorio de Sitka, se inicia una narración que tiende más a la intriga policial y a la descripción de costumbres que a cualquier cosa que tengamos en mente como ciencia-ficción. Supongo que no por nada algunos teóricos consideran que las ficciones de historia alternativa son de suyo un género propio que, en si, no tiene nada que ver con la ciencia ficción. El sindicato de policía yiddish podría ser el ejemplo perfecto, de no ser por la cantidad de premios y distinciones que ha obtenido en el campo de la ciencia ficción (Premios Hugo, Nebula y Locus, nada menos).
Lo que nos lleva nuevamente a la sempiterna e interesante discusión respecto a qué es la ciencia ficción. Porque, en líneas generales, hay más semejanzas que diferencias con El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, que también obtuvo el Premio Hugo en 1963; novela que también se enmarca dentro de una historia alternativa en la que los nazis han ganado la segunda guerra mundial. Y así tendríamos varios ejemplos, como Patria de Robert Harris, La conjura contra América de Philip Roth, y la - para mí - incomparable Lo que ocurrió...¡mañana! del escritor español Curtis Garland.
Ahora bien, luego de leer El sindicato de policía yiddish, uno llega a la irónica conclusión de que se trata de una novela policial... que sólamente podría haber sucedido en un marco histórico alternativo. No hay prodigios tecnológicos en ese nuevo mundo, ni acontecimientos históricos que puedan afectar a países tan distantes y distintos como el Perú, por ejemplo - algo que si habría ocurrido de haber ganado los nazis la segunda guerra mundial -. Casi podria decirse que se trata de una "novela de judíos", retratados tal vez sin concesiones (digo tal vez por que ignoro más cosas de las que conozco acerca de festividades, tradiciones, etimologías, sociedad, sectas, leyendas y profecías judías) pero con mucha admiración hacia su actitud como nación, frente a un mundo que a ratos parece querer resucitar el antisemitismo más rancio. Ese es el principal mérito de la novela, y a la vez, su mayor lastre. El desenvolvimiento de la trama - que inicia con un crimen aparentemente inexplicable - deviene en farragoso y alg o enredado (pese a que la novela cuenta con un glosario de términos hebreos y yiddish para la orientación del lector neófito, no es fácil asimilar las diferencias entre judíos ortodoxos y judíos hasidim, por ejemplo).
Empero, una vez cogido el truco, el lector no puede menos que envolverse en una trama que -por fin - va adquiriendo velocidad, que involucra tanto a policias cínicos y descreídos como a fanáticos religiosos que intentan forzar la llegada del Mesías mediante el uso de la ingeniería genética. Y tiene que ser pronto, por que el Gobierno está por cancelar el status de Sitka como territorio libre, lo que significará, entre otros efectos, el fin del sindicato de policía yiddish ( http://es.wikipedia.org/wiki/Yidis ).

Reseña: Evolución (Stephen Baxter)



Nunca mejor título para una ¿novela? que trata acerca de la... evolución. No es un juego de palabras, al principio se nos narra algunos acontecimientos del futuro cercano, con robots terraformando Marte y la amenaza de un cataclismo mundial... para luego trasladarnos 65 millones de años hacia el pasado, y "ver" (la capacidad narrativa de Baxter es modélica en este sentido) el ascenso de los dinosaurios, su probable fin producto de la caía de un meteorito en lo que ahora es el Golfo de México, los cambios en los mamíferos, la deriva de los continentes, los primeros homínidos, la creación de la religión (a la que Baxter le atribuye un origen mas bien ligado a ciertas perturbaciones mentales), la invención de la agricultura, la caída del Imperio Romano y, nuevamente, nuestro inmediato futuro.
Además, el autor homenajea al Brian Aldiss de "Invernáculo" como al Arthur C. Clarke de "2001, Odisea del espacio" al conjeturar el futuro del planeta, no ya de la especie humana. El fin de la novela es de un lirismo que s ólo puede lograr la ciencia-ficción en su capacidad de especulación cimentada en las conjeturas más hard de las ciencias. La novela exhuda conocimiento por todos los poros. Verne estaría orgulloso de este discípulo (autor de Antihielo, un sentido homenaje a Verne), que ha logrado con creces instruir deleitando. No tienen pierde ninguno de los episodios, incluso aquellos que nos describen las vicisitudes de seres tan alejados de la escala evolutiva humana como ciertos prehomínidos que no se deciden si usar pluma o pelo. Los procesos evolutivos son materia de una narración tan precisa como amena, que podrían cimentar más de una vocación por la paleontología, la biología o incluso la historia.
Para algunos - me incluyo- resultará una gran sorpresa el descubrir la rica vida interior de los "animales" que preceden y coexisten con la humanidad, tan compleja como la del personaje más pintado de la literatura. Uno de los momentos cumbre de la novela es la narración de los efectos de la caída del meteorito que se supone contribuyó a la extinción de la mayoría de los dinosaurios. En un crescendo por demás angustiante, vemos como todos los seres vivientes no humanos - animales y vegetales, acuáticos o terrestres - "perciben" que algo raro está sucediendo, algo que no pueden relacionar con ese punto brillante que cada día se hace más grande en el cielo. Hasta que el impacto se produce, una catástrofe cuyos efectos se sienten en todo el mundo y cuya trascendencia moldea nuestro mundo de un modo permanente. Y todo visto desde la perspectiva de seres condenados a la extinción y a sobrellevar condiciones extremas de supervivencia.
Otro episodio, cuya conclusión no está exenta de un fundado pesimismo, transcurre en plena caída del Imperio Romano de Occidente, es decir, en el siglo V. Un noble romano, preceptor de uno de los nuevos gobernantes de origen germánico, recuerda que en antiguas campañas militares en el cercano Oriente ha oido rumores acerca de cuevas con huesos de animales que no son monos pero tampoco hombres. Con dinero y tiempo para gastarlo, el romano y el germano viajarán a las inmediaciones de Jordania, donde adquirirá el cráneo de un Homo Erectus. Se les unirán otros hombres sabios, de origen persa y escita, respectivamente, que comparten el mismo interés por la observación de la naturaleza. Los cuatro se entienden muy bien a pesar de sus diferencias culturales y religiosas. Han leído mucho y admiran, entre otros, a los antiguos filósofos griegos naturalistas, refutadores de mitos que empezaron a preguntarse por el origen de las cosas, por el origen del hombre. Llegan a preguntarse si los huesos que llegan a descubrir n o son de monstruos o enfermos, sino de hombres como ellos pero "diferentes" - los Hombres del alba - . ¿Y si comparasen esos huesos con los de seres humanos contemporáneos? ¿Pudo la teoría de la evolución surgir en el siglo V? Mientras examinan restos de un Neandertal, Un brutal acontecimiento nos recuerda que existe, además del poder de la inteligencia, el inevitable y oscurantista poder terrenal de los líderes políticos y religiosos, para quienes la verdad puede ser una amenaza. Es uno de los episodios más hermosos y tristes de la novela, que se sostiene perfectamente como narración independiente y que bien pudo haber obtenido un premio literario al momento de su publicación.
Es una lástima que Evolución no haya sido adecuadamente distribuida en nuestro país. El famoso Plan Lector deberia incorporarlo entre sus lecturas obligatorias, pues como sentenció Daniel Mejia, colega de Velero 25: "Evolución es un Ph. D. en biología evolutiva". Además de sus otras virtudes.

Reseña: Los espectros nacionales (José Guich Rodríguez)




Los espectros nacionales

José Güich Rodríguez

Editorial San Marcos

Colección Súmmun, 2008


El último - y excelente - cuentario de José Güich Rodríguez, Los espectros nacionales , no ha podido ser publicado en mejor momento. En el contexto de descubrimientos y redescubrimientos de la literatura fantástica peruana, parece destinado a cerrar el año 2008 como la punta de lanza de un movimiento fantástico nacional, todavía incipiente y de perfil bajo, si se quiere, pero imposible de ignorar y de evitar. En lo que respecta al propio José Güich , no podemos menos que agradecer sus permanentes colaboraciones tanto para esta página web como para Velero 25 , medio para el cual accedió además a una sustanciosa entrevista .


Los cuentos que integran Los espectros nacionales no constituyen exabruptos en la producción de José Güich, al contrario, siguen una tradición ya iniciada en Año sabático y en El mascarón de proa , ambos libros de cuentos fantásticos... en todo el sentido de la palabra. Es difícil añadir algo a otros comentarios y reseñas del libro publicadas en diversos medios. A lo más, se puede añadir un siempre injusto comentario para cada cuento, como es el estilo (primitivo tal vez) de Ciencia Ficción Perú :


Los espectros nacionales: ¿Se pueden combinar el fútbol y los viajes en el tiempo? ¿Quién no ha experimentado alguna vez el deseo de volver hacia atrás en la historia y cambiar el curso de los acontecimientos? Al protagonista de este relato se le otorga esta facultad, en el contexto de un encuentro futbolístico ocurrido tiempo atrás. Pero puede que para jugar con el tiempo se necesite ser algo más que un mero mortal.


La penumbra: Una cárcel. Un prisionero que al que todos creen loco. Otro prisionero que comparte su celda. Uno de ellos es real, el otro puede que ficticio. ¿Pero cual es cual? A veces deseamos que los personajes de ficción sean reales. ¿Pero qué ocurre cuando es el personaje de ficción quien se encuentra con los de la realidad?


Intersecciones: Un fotógrafo consigue vistas de una plazuela en la cual se aprecian elementos anómalos. ¿Son fallas de la película o una puerta a otro tiempo y otra realidad? Intrigado, tratará de repetir la experiencia, con resultados insospechados.


Vórtice en Prescott: El prosaico mundo de clase media que componen el Residencial San Felipe y sus calles aledañas ocultan, para quien quiera verlo, una trampa capaz de absorber la esencia misma de las personas. ¿Alegoría de la decadencia de un sector crucial de la ciudad de Lima? Para quienes hemos sido vecinos de la zona, el cuento tiene un sabor especial.


El otro monitor: José Güich continúa dándonos su versión de la guerra con Chile de 1879 (iniciada con el relato El veterano del cuentario El mascarón de proa), desde el punto de vista de un personaje cercano a un héroe nacional, cuyo encuentro con una realidad paralela. ¿Somos muy diferentes los peruanos en las distintas dimensiones que habitamos?


La reina madre: Un magnífico título para un aterrador relato. Una anciana mujer de la clase media limeña, acosada por una modernidad que no cree ni en el respeto a la tercera edad o a la soledad de las personas sensibles, inicia un camino de no retorno hacia una aparente locura que llama la atención de la persona más cercana a ella, la sempiterna ama de llaves - empleada, sirvienta, la chola que le decimos en Perú, como parte de nuestras taras - , que sin embargo no conoce todo lo que debería conocer acerca de su empleadora. Puede ser que su aparente locura oculte un secreto capaz de alterar la realidad del mundo. Como en Vórtice en Prescott, donde también se retrata sin piedad el purgatorio intonso de la clase media, ni siquiera este ambiente vulgar y tristón de empleadas domésticas y señoras con ruleros puede protegernos de los ataques de lo que H.P. Lovecraft entreveía como la auténtica realidad. Si hubiera algún premio al mejor relato fantástico peruano del 2008, La reina madre se lo llevaría con toda justicia.


Ubicuidad de las voces: Un magnífico ejemplo de lo que se puede lograr cuando se "lee" una obra cinematógráfica. Si, es El ciudadano Kane de Orson Welles revisitado por José Güich...¡y de qué forma!


Los pasajes errantes: Lo insólito, lo inesperado, puede ingresar en nuestras vidas en cualquier momento, parece decirnos el autor. No hay manera de prevenirlo. Ni siquiera para Julio Ramón Ribeyro , en cuyo homenaje el autor ha cocinado esta historia con portales teletransportadores, investigadores del futuro y una nostálgica visita a una Lima que ya se fue.

Reseña: Por no mencionar al perro (Connie Willis)



Las novelas cómicas no parecen gozar del mismo reconocimiento que sus pares trágicas o dramáticas. Por alguna razón, la preferencia se inclina por las historias que nos conmueven, nos hacen pensar, nos hacen reflexionar, nos desnudan la cruda realidad de la existencia humana. Da la impresión que escribir en clave cómica - o disfrutar una novela o cuento hilarante - viene a ser una especie de pecado mortal. Y que decir del lector o escritor peruano, encadenado por la (nunca mejor dicho) tristemente célebre frase del historiador Pablo Macera: en el Perú, el que es feliz es un miserable.
Siguiendo el razonamiento de Macera, diré que fui inmensamente miserable todo el tiempo que duró la lectura de Por no mencionar al perro. Me hizo recordar al Enrique Jardiel de Eloísa está debajo de un almendro (una de las primeras comedias teatrales que pude leer gracias al sello RTVE), por las situaciones de enredo elevadas a la enésima potencia, la construcción detallada de personajes absolutamente excéntricos (la normalidad es el mayor pecado mortal que se puede cometer), cuya mera aparición en escena augura una nueva circunstancia jocosa y el catártico final feliz. No hay nada que hacer, son las convenciones de la comedia desde hace mucho, que aparecen incluso en operas como La flauta mágica de Mozart. Como se puede leer, estoy hablando de situaciones absolutamente miserables.
En la obra de Connie Willis, el trasfondo de ciencia ficción está basado en el viaje temporal. En el futuro, se ha descubierto la manera de viajar en el tiempo, así como las leyes de dicho viaje, sus si se puede y no se puede. Pero estas leyes no son absolutas: pueden producirse accidentes, incongruencias que pueden echarse abajo la realidad. Ahora bien, en durante búsqueda de un objeto del cual solo se conoce el nombre - el tocón del pájaro del obispo -, se producirán varias de estas incongruencias capaces de alterarlo todo: un ser vivo es extraido de su tiempo, un encuentro entre futuros amantes no se produjo, un muerto revive, una gata nada, un viajero del futuro acaba de tripulante en un paseo en bote por el Támesis... por no mencionar al perro.
Por supuesto, los viajeros del futuro causantes de estas incongruencias trataran de remediarlas, luchando tanto contra las convenciones sociales de la Inglaterra victoriana (tan admirable en otros sentidos), el espiritismo, la cocina inglesa, las madres casamenteras, los lánguidos caballeros lectores de Tennyson y los inescrutables caprichos de los animales. Súmense a esto los saltos en el tiempo, completamente desajustados, que contribuyen a generar mayores (y jocosas) situaciones caóticas (es de antología el episodio en el que el protagonista, recién llegado de uno de esos viajes, totalmente fuera de toda noción del tiempo al que acaba de arribar , le pregunta en qué día se encuentran al primer sujeto que se le cruza, y éste le responde con un poema de Tennyson).
La novela está estructurada en capítulos que inician con una relación de frases alusivas a su contenido. En ese aspecto, es un homenaje a una obra clásica de humor inglés (recién lo supe al leer la novela), Tres hombres en una barca de Jerome K. Jerome, quien aparece como "invitado" en la novela. Si pueden, sean miserables, pasen un buen rato con esta historia.

Cuento: El ojo (Daniel Salvo)

Hoy me colocaron el Ojo.
Le dicen así por que es redondo y tiene una superficie brillante con un círculo en el centro. Este círculo cambia de colores con el paso del tiempo, y proyecta una serie de códigos y guarismos digitales. Pero eso no es lo importante del Ojo.
Algunos se lo colocan en lugares más discretos, acaso avergonzados de su uso. Yo he preferido seguir la tendencia de los Revivalistas, esto es, me lo han implantado en la palma de la mano derecha, en una suerte de homenaje a un filme o serie de la televisión del siglo anterior.
Hace tan sólo unos días, no habría pasado siquiera por mi mente la idea de recurrir al Ojo. Se supone que ninguna persona decente lo haría. La Iglesia también lo prohíbe, dicen que nos priva de dignidad y otras cosas que, ante una circunstancia como la mía, pasan por completo a un segundo plano.
Como todo el mundo en esta era de control y prevención, acudí al examen anual. La empresa lo paga. Pero a diferencia del año pasado, esta vez me diagnosticaron cáncer. Un cáncer fulminante, tanto, que causó el asombro de los mismos médicos. Si se me veía tan bien…
- ¿Pero, se puede hacer algo?
- Por supuesto. Quimioterapia, radiación, cambios en su dieta…
Me reí en la cara del médico. ¿Someterme a los tratamientos que todo el mundo sabía eran ineficaces y dolorosos? ¿Esperar con angustia que los quizá de los médicos se convirtieran en certezas?
- ¿No hay otra posibilidad?
- Bueno, usted conoce la única alternativa, los dispositivos de tratamiento nanomédico. Pero no podemos…
- Muchas gracias por todo, doctor. No creo que nos volvamos a ver.
Dispositivos de tratamiento nanomédico. Ojos. Pequeños implantes llenos de nanobots, capaces de curar todo. O casi todo. Eso es lo que dicen los libros, los videos y la red. Comparar un Ojo con el tratamiento más avanzado de la medicina anti cáncer es como comparar la penicilina con el brebaje preparado por un médico brujo.
Decidí entonces acudir a un Centro. No a un hospital, instituto o algún lugar por el estilo. En un Centro, se encuentra la tecnología más avanzada que la Microsoft pueda desarrollar.
Claro que un Ojo no es como cualquier otro producto. Tienes que firmar varios documentos, dejar en claro que lo haces bajo tu libre albedrío, y que aceptas toda posible consecuencia o efecto secundario. Por supuesto que lo acepto: a mi no me va a matar ningún cáncer.
Recibí el empaque plástico con el Ojo en medio, como si me entregaran un souvenir barato. Es como una moneda pequeña, con su lado brillante y el otro con la aguja. Apenas duele cuando me lo inserto en la palma. Un destello en verde indica que se ha activado. Mientras salgo del Centro, espero.
Y en verdad es como dicen. Efectos inmediatos. Casi puedo sentir a los submicroscópicos nanobots fluyendo por mi torrente sanguíneo, por mis tejidos, por mis órganos. Casi los puedo ver atacando el cáncer, detectando otras enfermedades, corrigiendo algún defecto interno. No han pasado ni quince minutos, y siento mi visión más clara y aguda. Los músculos como los de un felino. Dicen que también mejoran las sinapsis. Quizá me vuelva más inteligente, y entonces pueda burlarlos.
Por que nada es gratis en este mundo. Cierto es que acabo de adquirir un seguro de salud a toda prueba, además de una significativa suma de dinero que se depositará en mi cuenta por el resto de mi vida - regalo de la Microsoft por fungir de "sujetos experimentales"-. Como muchos otros, apenas estoy comenzando a vivir una vida maravillosa, rebosante de salud y dinero… que sólo durará unos diez años.
Al menos, eso es lo que dicen. Durante diez años, es fácil saber quienes han hecho uso del Ojo. Es el vecino exitoso, la modelo perfecta, el anciano rejuvenecido. Todos hacen lo posible por que se note su existencia, por dejar huella de su paso, por que todos sepan donde están y qué hacen. Todos hacen lo posible por ser localizables. Pero es inútil. Luego de diez años de colocarse el Ojo, desaparecen. Nunca se ha vuelto a ver con vida a alguien que haya utilizado el Ojo, a pesar de todos los intentos de seguimiento. En ninguna parte del mundo.
Por supuesto, los medios de prensa acosan con sus preguntas a los representantes de Microsoft. Estos esgrimen los documentos que los exoneran de cualquier responsabilidad. Sus abogados remiten a la libertad personal de los clientes de hacer lo que quieran con sus vidas. Y no olvidan mencionar los casos de aquellos que han recurrido al Ojo hace más de diez años y se encuentran con vida: el Presidente de los Estados Unidos, el Secretario General de la ONU, algunos parlamentarios europeos, un Primer Ministro…
La verdad, estoy seguro, es otra, y es un secreto a voces. Por eso es que pocos acceden a utilizar los Ojos. Por eso la Iglesia se opone a su uso, al igual que algunos intelectuales. Por eso es que yo jamás habría pensado en utilizar un Ojo, antes de saber que tenía cáncer, por supuesto. Aún tenemos fresca la memoria de los viejos tiempos, cuando los nanobots no habían desarrollado inteligencia autónoma y debían ser programados.
Cuando éramos nosotros quienes experimentábamos con ellos.

Película: Sleep Dealer (Alex Rivera)

Sleep dealer
Director: Alex Rivera
Coproducción USA-México
Año: 2008
Ante todo, quiero protestar por lo incongruente que resulta ver una película perteneciente al ciclo del Festival de Cine de Lima, en versión digital (se aprecia la diferencia con el más nítido celuloide) y a un precio nada popular: 17 SOLES la entrada. Y luego se quejan por la piratería. Es probable que precios así hayan disuadido a los espectadores a ver "Sleep dealer" en las dos únicas exhibiciones que tuvo en Lima. Y eso es una verdadera lástima, por que la película es bastante buena. Yo diría, memorable.
Por que estamos ante un ciberpunk latinoamericano, ante una versión del cine de ciencia ficción poco usual, que no persigue imitar moldes anglosajones sino crear - con elementos de aquí y allá - una visión que nos abarca y proyecta a todos los latinoamericanos a un porvenir bastante sombrío.
En un futuro cercano, algunos sueños norteamericanos se han hecho realidad: sobre la línea de frontera entre los Estados Unidos y México se ha erigido un elevado y macizo muro que impide - ahora si, de manera inexorable- el ingreso de migrantes al país del norte; pero se mantiene la posibilidad de seguir obteniendo mano de obra barata del tercer mundo, sin la desventaja de tener que recibir dentro de sus fronteras a los cada vez más fastidiosos inmigrantes del sur de Río Grande. El cruce de fronteras aún es posible... pero de manera virtual. Así como los "vaqueros de consola" de Neuromante, los personajes de "Sleep dealer" - nombre que reciben las maquiladoras virtuales que operan en la ciudad fronteriza ciudad mexicana de Tijuana - pueden conectarse directamente a la red mediante implantes en los brazos y la espalda. Estos implantes les permiten operar, desde Tijuana y sin cruzar la frontera, todo tipo de máquinas en diversas ciudades de los Estados Unidos. Máquinas cuya sofisticación contrasta brutalmente con la pobreza y atraso del cercano sur.
Si bien no es el tema principal, vemos varios de nuestros temores actuales hechos realidad en "Sleep dealer". Enfrentamientos por el agua, que se convierte en propiedad de corporaciones que a su antojo represan rios y lagunas otrora de libre acceso. El aislamiento total de unos Estados Unidos cuyos niveles de bienestar han perdido todo punto de referencia respecto a los países más pobres. Y por encima de todo, el inexorable cumplimiento de la profecía - esperemos que errada - proferida por Viviane Forrester en su libro "El horror económico", profecía según la cual, muy pronto los explotados ni siquiera servirán para ser explotados, debido a las cada vez más exigentes condiciones que se requerirán para la ejecución de cualquier trabajo.
La trama parte de la necesidad de Memo Cruz, joven hacker de una región rural de México, de viajar a Tijuana para "conectarse" con alguna empresa maquiladora que trabaje con los norteamericanos, y percibir así los ansiados dólares con que ayudar a su familia. Para ello, debe operarse - de manera clandestina - a fin de obtener los famosos "nodos", coonexiones neurales en brazos y espalda, que divide aún más al mundo entre quienes pueden acceder a la red "directamente" y a quienes no... el conflicto no se detiene, sino que parece agudizarse. Carecer de "nodos" es carecer de mejores posibilidades de educación, entretenimiento, trabajo... aún estos sean de menor calidad que los correspondientes a los habitantes del Primer Mundo, de quienes solo obtenemos algunos atisbos, dándonos una imagen que de tanto contrastar con la paupérrima realidad sudamericana, es casi extraterrestre por lo incomprensible. El Primer Mundo desarrollado y próspero, separado del nuestro por una barrera real e impenetrable, ya es otro planeta que sigue sus propios derroteros. Con la muralla alzada, ya no hay manera de recordarles nuestra fastidiosa existencia.
Con todo, los protagonistas se dan maña para alcanzar cierto grado de felicidad. Está el migrante que logra el sueño de trabajar - aunque de manera virtual - en los EE.UU. y ganar en dólares para enviar a su familia; la intelectual que encuentra el amor y el estímulo creativo en la paradójica realidad que le ha tocado vivir; y el engañado servidor de un ejército norteamericano que vulnera toda noción de honor militar, quien, a pesar de todo, toma consciencia de su alienación y consigue liberarse de la misma, para intentar volver a sus orígenes.
El director, Alex Rivera - norteamericano de ascendencia peruana, le gusta la Inka Kola - comentó en una entrevista realizada por Giancarlo Stagnaro en el Diario "El Peruano" : “Me interesa la ciencia ficción que tenga ideas. No me gustan las películas que tienen diez minutos de ideas y el resto es Will Smith matando robots” y también “Nunca vemos en los filmes futuristas las ciudades del tercer mundo. No están Lima o Bombay, sólo existe Nueva York o Los Ángeles”, agrega.
Sleep dealer obtuvo el Premio Amnistía Internacional en la Berlinale y el premio Alfred P. Sloan del Festival de Sundance. Parece que en nuestro medio, su difusión se limitará al ámbito de la copia pirata. Una verdadera lástima: es una película realmente memorable.

Reseña: ¡Qué difícil es ser Dios! (Arcady & Boris Strugatsky)



Los rusos lo vuelven a hacer. Nos describen - oh si - nuestro mundo inmundo, visto desde la óptica del también hipotético Hombre Nuevo del soviet. De pasada, desmitifica a Flash Gordon, John Carter, Neo, Superman... es decir, a los héroes (¿dioses?) del panteón capitalista, los campeones del individualismo, los todopoderosos hijos de Heinlein.
En efecto, de darse la posibilidad de intervenir en la historia antigua, especialmente en la de otro planeta, un planeta que atraviesa por el período correspondiente a nuestra Edad Media, para superar dicho período en pro de una sociedad más evolucionada, contando además con el poder de una tecnología avanzadísima y, sobre todo, con el convencimiento total de tener la razón, ¿sería ética tal intervención? ¿tendría éxito la misma?
Tengo por seguro que los hermanos Strugatsky no la deben haber tenido fácil con el aparato de censura de la ex URSS para poder publicar esta novela. Por que si bien cuestionan - no podía ser de otro modo, dado el contexto en el que escribían- las instituciones pertenecientes al decadente mundo occidental (la religión, la aristocracia, la explotación del ser humano, el machismo), cuestionan también el principio básico del socialismo real, esto es, la revolución violenta como inicio para alcanzar la utopía comunista. El devenir histórico de nuestro mundo - la caída del muro de Berlín en 1989 y lo que siguió después- les dieron la razón. Al igual que sus desengañados personajes, el mundo entero, comunistas y no comunistas, tuvo que enfrentar una dolorosa verdad: no se puede imponer la utopía por la fuerza.
La situación es la siguiente: un grupo de científicos sociales de la Tierra se encuentra de incógnito en un planeta distante, el cual está en una etapa histórica correspondiente a nuestra edad media. La misión del grupo de científicos es mezclarse con la población y observar su comportamiento. Pero a pesar de su mente científica y objetiva, les es díficil dejar de sentirse inconformes con el estado de cosas, caracterizado por la ignorancia, el atraso y el abuso. ¿Por qué no usar sus conocimientos, su poder, para cambiar las cosas? ¿Por qué no difundir ideas, impulsar rebeliones, apoyar a los individuos más despiertos e inteligentes? De hecho, varios de los investigadores terrestres han abandonado su forzada pasividad y han intervenido en los acontecimientos de la sociedad en la que se encuentran, con catastróficos resultados. La difusión de ideas y conocimientos genera más oscurantismo. Las rebeliones sólo sirven para cambiar un tirano por otro. El apoyo a los individuos con potencial los convierte en víctimas de la hoguera o de las mazmorras... ¡Qué difícil es ser dios! llega a exclamar Rumata de Estoria, noble aristócrata que en realidad es el científico terrestre Antón, tentado por las ventajas que le confiere su posición como supuesto cortesano, detentador de riquezas, tierras y siervos. Mientras, un émulo de Torquemada decide prestarle más atención de la ordinaria, descubriendo que el señor Rumata posee algunos bienes y muestra algunas habilidades difíciles de conseguir en aquel mundo. ¿Son producto de un pacto con el demonio, o es que el señor Rumata proviene realmente de un lugar muy, muy lejano? Podría ser un dios, pero un dios con "d" minúscula. Inevitablemente, Antón - Rumata se verá implicado en una intriga donde lo peor que le podría ocurrir no es ser descubierto, sino perder su propia vida. Deberá por fuerza abandonar su distante actitud científica y comportarse de acuerdo a las exigencias del medio que supuestamente solo debería observar.
Especulación histórica, intriga política y aventuras de capa y espada están presentes en "Qué difícil es ser dios". Sin embargo, estos elementos no impiden al lector experimentar cierto pesimismo respecto al devenir del mundo que nos ofrecen los hermanos Strugatsky: el nuestro.

Reseña: Historias de ciencia ficción (Carlos Enrique Saldívar)




Historias de ciencia ficción
Carlos E. Saldívar
Edición de autor
Lima, 2008


Desde la histórica edición de Cuentos Sociales de Ciencia Ficción de Juan Rivera Saavedra, no se tenía noticia de ningún autor peruano que haya vuelto a utilizar la etiqueta "ciencia ficción" para el tipo de narrativa por la cual ha optado. En estos tiempos, en los que se habla (a veces con total desconocimiento del tema) de post-modernidad, de trascendencia de géneros y otros conceptos algo abstrusos para un lector promedio (como quien escribe); la tendencia es a evitar ciertas definiciones, o inventar nuevas para lo mismo, por el prurito de no ser considerado un escritor "serio". Carlos Enrique Saldívar, como el mismo ha comentado, ha preferido este título casi minimalista para su obra, no tanto por dárselas de contradictorio o de rebelde en un ambiente literario relativamente cuadriculado, como es el peruano, sino para decirnos que su mundo es y no es el nuestro, vamos, que es el mundo de las ideas que nacen de las lecturas de Asimov o Bradbury, el de los miedos de Lovecraft o Dean R. Koontz, el de la prospectiva aún incomprendida de Verne o Wells y el del pesimismo (por algo eran peruanos) de Clemente Palma o José Adolph: el mundo de la ciencia ficción. Sin embargo, mutante como es el género, la "ciencia ficción" que todos tenemos en mente siempre resulta limitada en comparación con los productos que engendra. Parece cosa de locos: en el libro de Saldivar, tenemos un improbable hombre con alas en busca de libertad. Un restregarnos de ojos, y tenemos insectos inteligentes. Nos sentamos a descansar, y nos acoge una casa nave. Cuando queremos encontrar amor, aparecen robots con sentimientos programados. Cuando queremos contar nuestras posesiones más valiosas, descubrimos que no son nuestras. Cuando, aturdidos, queremos al fin refugiarnos en el silencio, la Tierra misma empieza a hablar... rodeada de ojos inmensos que atestiguan la muerte y el nacimiento de otros mundos, así como los caprichosos destinos de sus moradores. ¿Podemos huir? La respuesta es negativa: la ciencia ficción ha contaminado nuestro mundo y nuestra mente, la encontraremos donde quiera que miremos o vayamos. Carlos Saldívar, ebrio de ciencia ficción, nos invita a unirnos a él en su borrachera. Sólo queda aceptar la invitación y decir ¡salud!

Reseña: Los amos del tiempo (Wilson Tucker)



Más de un párrafo de esta singular novela hacen recordar a la famosa película “ Highlander” (1986), dirigida por Russell Mulcahy y protagonizada por Christopher Lambert. En dicha producción, un grupo de guerreros inmortales debían luchar entre sí hasta que sólo quedase uno, quien se haría acreedor al Premio, que sólo se revela al final de la película.
Bueno, en la novela de Tucker hay también una bella dama que está tras la pista de un extraño sujeto que parece haber surgido de la nada, pese a haberse reportado su presencia repetidas veces a partir del inicio del Proyecto Manhattan y otros experimentos atómicos. Esto, aunado a su exótica apariencia (ojos amarillos, cabellos rubio platino y edad indefinible), lo convierten en el blanco de la curiosidad de la agencia secreta del gobierno a la cual pertenece la dama en cuestión. Tras la muerte de un cliente del investigador privado Gilbert Nash - el tipo de la apariencia extraña- vinculado a la investigación atómica, Nash y la dama curiosa logran conocerse e iniciar una relación de atracción mutua pero respetuosa, consistente en su mayor parte por la sorprendente narración de la historia de… los amos del tiempo.
Y no, no son los Amos del Tiempo (Timelords) de la serie Doctor Who, pero sí se trata de extraterrestres. Extraterrestres cuya nave sufrió un accidente en las inmediaciones de nuestro planeta hace milenios, y cuyos sobrevivientes tuvieron que adaptarse por fuerza a las condiciones imperantes en la primitiva Tierra. Algunos (y algunas) mejor que otros, al punto que varios de ellos llegaron a convertirse en prominentes figuras de la historia y la mitología de diversas civilizaciones. Sin embargo, pese a su extremada longevidad e inteligencia, carecían de los elementos necesarios para sintetizar cierto compuesto químico, imprescindible para fines de mantener su longevidad (o sea que los milenios que llevan viviendo en la Tierra no son nada en comparación a la verdadera edad que podrían alcanzar en su mundo original). Cuando la humanidad terrestre por fin evoluciona y desarrolla la tecnología necesaria para producir este compueto, esto es, en nuestro siglo XX, quedan ya muy pocos miembros de la tripulación de la nave original.
Sin embargo, aún esos pocos sobrevivientes, con sus conocimientos acumulados durante siglos y las posibilidades técnicas brindadas por la segunda mitad del siglo XX (bombas atómicas, naves espaciales), pueden ser un peligro para los terrestres o incluso, para su propio mundo. El resentimiento engendrado por milenios de lo que algunos extraterrestres consideran un abandono, más una inagotable megalomanía, pondrán al “extraterrestre bueno” en el trance de enfrentarse a sus ex – compañeros de viaje, ahora mortales enemigos en una inusual lucha de poderes, donde sólo puede vencer uno… o una.
Claro que la lucha no será a golpes de espada, ni concluye con decapitación alguna. Es un verdadero duelo de inteligencias, aunque bajo el singular marco de la ética extraterrestre, bastante estoica para unos seres con tan singulares perspectivas.
Pese a lo interesante y aventuroso de la trama, el ritmo narrativo es demasiado pausado, escaseando además las escenas de acción. Vamos, que el personaje principal, tal vez cansado de vivir tanto tiempo, o debido a que es un amo del tiempo, se toma todo el tiempo del mundo para considerar la idea de enfrentarse o no a sus ex – compañeros. Lástima. Un poco más de garra nos habría dado una novela redonda.

Reseña: La locura de Dios (Juan Miguel Aguilera)



No se si es un atrevimiento mío, pero creo que no exagero al pensar que, a nivel hispanoamericano (España y América hispanohablante, para que no queden dudas), hay dos nombres a destacar como lo más representativo del género, sin que esto signifique considerar como menores a otros autores. La deficiente difusión y distribución de novelas y relatos hacen que cualquier comentario en este sentido pueda parecer siempre sesgado e injusto. De hecho, cualquier selección es subjetiva, aunque sería difícil negar la calidad e interés de la obra de Juan Miguel Aguilera y de Carlos Gardini, autores que considero como hitos en la narrativa de fantasía y ciencia ficción de los últimos tiempos. Al menos, son quienes pondría a la cabeza de cualquier lista de “recomendados” de ciencia ficción escrita por hispanohablantes.
En el caso de Juan Miguel Aguilera, “La locura de Dios” (pese a haber sido escrita con anterioridad y con algunos detalles en el debe que raspan un poco la garganta), confirma la grata impresión que deja su novela “Rihla”. Si bien ambas novelas juegan con la idea del viaje o expedición hacia tierras lejanas y aparentemente míticas como punto de partida, arriban a diferentes destinos. Para el caso de “Rihla”, pura especulación y fantasía desbordante pero sólidamente fundamentada, se llega al Nuevo Mundo antes que Colón. En "La locura de Dios", se busca hallar el mítico reino del Preste Juan, un legendario reino cristiano en tierras asiáticas.
Pero en “La locura de Dios”, el reto fue acaso mayor. Y es que no sólo existía la limitación que consiste en no alterar los hechos histórico-geográficos de todos conocidos, de manera que la historia no se convierta en un caso de realidad alternativa o paralela; sino que también debía considerarse la construcción del protagonista principal, esta vez, un fascinante personaje histórico que aún en nuestro siglo XXI, casi mil años después de su paso por la Tierra, sigue formando parte de lo que el concepto de persona culta incorpora como adalid del pensamiento: Ramón Llull o Raimundo Lulio.
Este Ramón Llull (así se lo denomina en la novela), conocido como el Doctor Illuminatus, uno de los hombres más sabios de su tiempo (con decir que anticipó de muchas maneras el advenimiento de la informática, al punto que se llegó a postularlo como Patrono de la Internet, pese a no haber sido canonizado por la Iglesia Católica por cuestiones teológicas), inventor del Ars Magna, un dispositivo ideado para generar proposiciones filosóficas definitivas… un adelantado a su época, en suma. Tal era su fama, que la corte del decadente Imperio Romano de Occidente - Bizancio - requiere su ayuda para desentrañar un misterio: asediados por los sarracenos (y por su propia corrupción, dicho sea de paso), los bizantinos sacan a luz un acontecimiento histórico que parecería fantástico sino fuera por que está perfectamente documentado. La historia registra, en plena guerra con los musulmanes en el siglo VII la aparición sorpresiva de una delegación proveniente de un misterioso país oriental, quienes enseñaron a los bizantinos la fabricación del fuego griego , cuya fabricación constituye un misterio aún hoy en día, y que permitió a Bizancio resistir el asedio de los musulmanes con éxito. Y además del fuego griego, estos extranjeros misteriosos han dejado una serie de artefactos y edificaciones basados en principios muy adelantados para la rudimentaria ciencia europea del medioevo. La conclusión a la que llegan los políticos y hombres ilustrados de la época es que estos extranjeros, liderados por un tal Calínico, provenían del mítico reino del Preste Juan, descrito en diversas leyendas como una tierra de abundancia, paz y prosperidad, regida por un sacerdote (preste) cristiano. Se decía también que estaba en medio de territorios agrestes y poblados por monstruos, caníbales y salvajes.
Siendo la situación desesperada para los bizantinos, encargan a Ramón Llull y a una partida de mercenarios almogávares (catalanes) la búsqueda de esta tierra mítica, con la idea de obtener la ayuda que en el pasado resultase tan efectiva ante los sarracenos.
Si la introducción se presentaba interesante, el resto de la novela, narrado en primera persona por el propio Llull, es una pirotecnia de eventos a cual más sorprendente. La sabiduría del filósofo mallorquín le permite descifrar los indicios que llevan a encontrar, en efecto, una ciudad perdida y alejada de casi todo contacto con el resto de la humanidad, cuyo origen es de lo más sorprendente aunque dentro de los alcances de lo posible (recordemos que el fuego griego y sus efectos son considerados hechos históricos y no leyendas, aunque aún se desconoce el secreto de su fabricación).
Difícil continuar este comentario sin revelar más de la cuenta. El recorrido que efectúan los europeos por una ciudad llena de avances incomprensibles, el contacto con las costumbres de sus moradores, y el conflicto entre las creencias de Ramón Llull y los secretos que le son revelados en este verdadero brave new world son tan emocionantes como la parte aventurosa de la novela, que de ser llevada al cine, daría lugar a una memorable obra de steampunk. Visualmente hablando, las descripciones de la ciudad, sus habitantes y los enemigos (otra sorpresa dentro de la sorpresa) son disfrutables por sí mismas. Uno lamenta que todo pertenezca al terreno de la ficción… ¿o no?
Claro, en el debe, hay que reconocer que se trata de una novela escrita con anterioridad a “Rihla”. Algunos detalles y anacronismos chirrían un poco, pero son mínimos ante una obra que, como la ciudad descrita en su interior, está llena de maravillas aún por descifrar.

Reseña: Cánticos de la lejana Tierra (Arthur C. Clarke)



Para que no digan que con “El fin de la infancia” o “Cita con Rama” se acabó Arthur C. Clarke como escritor, aquí tenemos un libro escrito en 1986 que deja un excelente sabor de boca. Para un nerd como el que redacta esta reseña, es una cura al susto que constituyó leer “Leyes de mercado ” de Richard Morgan.
Estamos en un futuro posterior al año 3000. Luego de descubrir y calcular con exactitud la muerte del sol, la Humanidad consigue escapar de la condenada Tierra, estableciéndose en algunos planetas capaces de albergar la vida. Pero recordemos que Clarke es un cultor de la ciencia ficción dura: llegar a estos planetas implica un coste muy alto, como es el de desvincularse casi por completo del resto de la humanidad. Se puede viajar a cierto límite de velocidad solamente, por lo que la huida de nuestro planeta es lenta, tediosa y a muy largo plazo en el cosmos. Es decir, nada de imperios galácticos, Tierra Dos ni mutaciones espectaculares. Los colonizadores terrestres de los que tenemos noticia, asentados en el planeta Thalassa, deben cuidar su equilibrio demográfico al mínimo, puesto que se trata de un planeta casi acuático. Y es que debe resultar bastante difícil hallar un planeta completamente similar al nuestro…
La vida en Thalassa es una suerte de utopía científica: las conversaciones suelen girar en torno a las actividades de investigación que los habitantes deben efectuar para mantener su sociedad en un mínimo de estabilidad. Si bien no carece de emociones, resulta un tanto insípida.
Todo cambia cuando, de improviso, arriba a Thalassa una astronave... ¡de la Tierra! Aquí Clarke utiliza magistralmente sus conocimientos científicos para crear una suerte de telenovela cósmica, con sus secretos y sus protagonistas sometidos a situaciones límite. Los tripulantes de la nave, en tránsito hacia el planeta Sagan Dos, descienden sobre Thalassa para repostar agua y provisiones, pero también para introducir en la relativamente insípida vida de los thalasianos un toque de emoción, que va desde el consabido intercambio de conocimientos científicos a otro tipo de intercambios: las mujeres y los hombres de Thalassa carecen casi por completo de prejuicios y tabúes, por lo que estos encuentros serán de los más, eh, fructíferos para ambas partes. Sin contar el hecho del probable descubrimiento de vida inteligente en el mismo Thalassa.
Los Cánticos de la lejana Tierra, si bien algo melancólicos al final, son cánticos de fe y esperanza en el progreso racional de la humanidad, que hoy por hoy son muy fáciles de denostar, a menos que uno se tope con una obra tan inteligentemente tramada como ésta, y entretenida además.

Reseña: Traición (Orson Scott Card)



Definitivamente, Orson Scott Card tiene unas de cal y otras de arena. Quien diría que alguien capaz de perpetrar algo como La gente del margen, pueda escribir obras tan absorbentes como Traición, o su obra maestra (a decir de muchos) El portavoz de los muertos (un novelón con todas las de la ley).
¿De qué va Traición? Traición es un planeta dejado de la mano de Dios, o de la consabida República galáctica producto de la expansión de los terrestres por el espacio. Hace cientos, acaso miles de años, un grupo de rebeldes fue abandonado en este planeta como castigo: la única esperanza para sus descendientes es acumular hierro (el planeta es pobre en metales) para poder construir una nave espacial, y al fin conseguir abandonarlo y volver así al seno de la República galáctica.
Ahora, en Traición ha ocurrido algo muy curioso (que ha puesto a algunos comentaristas en el trance de decidir si se trata de ciencia ficción o fantasía): los descendientes de los rebeldes originales (agrupados en Familias, o mejor dicho, reinos) han desarrollado hasta límites inverosímiles las habilidades o capacidades de sus antepasados. Así, los descendientes de un físico son todos físicos y han desarrollado cosas como el viaje más rápido que la velocidad de la luz. Los descendientes del filósofo pueden modificar su percepción del tiempo y del espacio de tal manera que logran hacer que transcurra más rápido o más lento. Los descendientes del geólogo prácticamente se comunican con los suelos, las rocas y las aguas, de tal manera que pueden modificar la geografía a voluntad. Y quien sabe qué otras habilidades tendrán por ahí los habitantes de Traición.
Y está Lanik Mueller, el protagonista. Heredero de uno de los tantos reinos de Traición, desciende de un genetista, lo que le permite regenerar miembros perdidos o desarrollar otros nuevos a voluntad. Como todos los Mueller, podríamos decir, excepto que Lanik tiene esa capacidad desarrollada al máximo: es un regenerador radical, es decir, un ser que continuamente desarrolla miembros y órganos humanos involuntariamente…de manera que está condenado a ser un monstruo aún entre los suyos, alguien que inopinadamente puede desarrollar otro brazo, otra pierna, senos, órganos sexuales… ¡incluso otra cabeza! Dado que tales características le impiden asumir sus funciones de regente, es desterrado por su padre fuera de los dominios de Mueller. Iniciará un periplo en la vecina nación de los Nkumai, los descendientes del físico… sólo para descubrir que sus tribulaciones apenas han empezado. Por que hay intrigas, secretos, conspiraciones y planes que complican aún más el misterio que constituye la sociedad de Traición, el desarrollo de las habilidades de cada familia y la auténtica naturaleza de sus relaciones con la nebulosa República…
Un libro que tiene más de un aspecto polémico o criticable (el recurso a ciertos estereotipos, algunas escenas melodramáticas), pero que constituye parte de lo mejor que haya leído de la obra de Orson Scott Card.

Editorial: Ciencia ficción y mainstream... ¿encuentro o choque?

Este año 2007 ocurrió un acontecimiento deseado y a la vez temido por ciertos aficionados a la ciencia ficción, entre los que me incluyo: el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura a Doris Lessing, autora que prácticamente era casi una desconocida en el mainstream peruano (y ello pese a contar con una novela comentada en “La verdad de las mentiras” de Mario Vargas Llosa), aunque no para alguien con un mínimo de interés en la ciencia ficción. De hecho, diría que es precisamente debido a la publicación de algunas de sus obras en “Minotauro” que el nombre de Doris Lessing, por lo menos, nos “suena” a todos.
Sobre la idoneidad del otorgamiento del Premio Nobel a la señora Lessing se han pronunciado diversos especialistas, aunque la mayor parte de ellos reconoce no haber leído su obra.
Ahora bien, ¿qué relevancia tiene esto para el fandom de la ciencia ficción, en el Perú y en el resto del mundo? Pues que habiendo Doris Lessing escrito ciencia ficción en una proporción bastante significativa en relación al resto de su obra, tirios y troyanos no han podido evitar referirse a “esa” parte de su obra. Muchos habrían estado felices si madame Lessing sólo hubiera escrito El cuaderno dorado y La buena terrorista, para poder verter ríos de tinta (o de bits) respecto a estas obras, y su relevancia en la ideología feminista, el posmodernismo y esos términos en los que todo crítico literario es experto.
¿Y de la ciencia ficción de Doris Lessing? Ahí está el detalle. Como la ciencia ficción no se considera como objeto de estudio o de discusión “seria”, pues los ríos de tinta (o de bits) sobre sus novelas de la serie Shikasta, Instrucciones para un descenso al infierno, El quinto hijo, Memorias de una sobreviviente y la reciente La grieta apenas han dado para riachuelos o acequias. Ya se encargó Harold Bloom de emitir el dictum lapidario: Doris Lessing hace ciencia ficción de cuarta categoría.
Nótese el efecto tranquilizador de esta última combinación de términos. Al margen de lo acertado o no del diagnóstico, creo que este dictamen de Bloom (por cierto, Bloom es uno de los críticos más serios de la actualidad, y por algo dice lo que dice) ha servido para volver al status quo de siempre, esto es, considerar a la ciencia ficción como subliteratura o un tipo de literatura carente de “seriedad”. En suma, un género de cuarta categoría.
¿Qué es lo que ha pasado? Permítaseme expresarlo con una fábula. Imaginemos a la literatura como un prado arquetípico, con un sol radiante en medio del cielo azul. Ahora, imaginemos a la ciencia ficción como un grupo de insectos que viven bajo una piedra, ocultos del mainstream que serían los conejitos, los ciervos, los cisnes y demás animales disneyanos que retozan en el prado. Ahora, de improviso viene un fulano llamado Nobel y vaya uno a saber cómo, remueve la piedra y expone a los insectos a la luz del sol. ¡Horror! ¡Hay vida debajo de las piedras! ¡Se mueven, respiran, anhelan! Pero, ¿son parte del prado? ¿desean serlo? ¿los invitamos a retozar con nosotros? Esperen, no se apresuren. Dejen pasar el tiempo. La piedra volverá a su sitio. Los insectos ya no se ven. Algunos son comestibles, o al menos sus ideas (Philip Roth y Cormac McCarthy dixit). Ya se terminó el año. La piedra volvió a su sitio. Podemos seguir retozando tranquilos.
¿Y qué fue o qué será de los insectos de la ciencia ficción? Quiero ser optimista, y creer que, pese a todo, ya no se puede dar marcha atrás. Por más que la piedra la oculte, la ciencia ficción (o el término que se elija para denominarla) está viva y en actividad. Los felices animales del prado pueden hacer de cuenta que no está ahí, pero la verdad es que ahí está. Y la piedra puede volver a moverse, tal vez de manera definitiva.
Después de todo, los insectos han estado en la Tierra desde hace muchísimo más tiempo que otras especies…

Reseña: El cromosoma Calcuta (Amitav Ghosh)



En 1898, el comandante Ronald Ross, del Cuerpo Médico de la India, descubrió cómo transmiten la malaria los mosquitos. La historia del descubrimiento puede leerse en la siguiente dirección: http://es.wikipedia.org/wiki/Ronald_Ross
Bueno, digamos que esa es la historia oficial, vista desde un punto de vista occidental. Amitav Ghosh, tomando esa historia como punto de partida, ha construido una excelente ficción según la cual el descubrimiento del virus de la malaria tuvo otras causas, además de la investigación llevada a cabo por el médico inglés.
Ghosh parte de la poco conocida biografía de Ronald Ross, un oficial médico anglo-indio que estuvo en el lugar preciso en el momento preciso. Pero estas circunstancias no parecen haber sido casuales. En efecto, ¿puede creerse que los propios hindúes, en permanente contacto con los avances occidentales de la época, hayan mantenido una actitud indolente y desinteresada respecto a la posibilidad de descubrir el remedio para una enfermedad causante de gran mortalidad en su propia población? Entre otras cosas, esta novela ataca ese mito racista que supone que los pueblos no caucásicos carecen de aptitudes para la ciencia.
El caso es que una suerte de sociedad secreta ha venido actuando en las sombras, desde los tiempos de Ross hasta el presente. Una sociedad que tiene más de una cara. En efecto, ¿puede tener intenciones malévolas una organización que contribuye al descubrimiento de la cura de una enfermedad como la malaria? Si y no. Por que parece ser que estas investigaciones iniciadas en tiempos de Ross, que incluyen la observación de virus y de los efectos de otras enfermedades como la sífilis, han dado lugar a otros descubrimientos trascendentales, como puede serlo la inmortalidad… Y ese es un descubrimiento que la misteriosa organización —cuya fachada es un culto religioso secreto— no está dispuesta a compartir con el resto de la humanidad.
El hilo conductor que lleva al programador egipcio Antar hacia los entretelones vinculados al descubrimiento del virus de la malaria es una vieja tarjeta de identidad hallada en la basura. Antar, experto en informática, descubre que la tarjeta de identidad perteneció a L. Murugan, empleado de la misma empresa desaparecido en Calcuta en 1995. Como dice el texto de la contraportada, la novela rastrea las aventuras del enigmático Murugan y la extraña verdad de lo sucedido años atrás en el laboratorio tropical de Ronald Ross. Durante esas aventuras, podremos también conocer otros aspectos de la sociedad hindú, como su comida y sus costumbres religiosas. Planteada a modo de investigación casi policial, EL CROMOSOMA CALCUTA nos demuestra que la investigación científica —de la cual se dan algunos detalles— puede ser igual de apasionante. Y que no hay pueblos negados para la misma.
Y, sobre todo, que sus resultados pueden ser impredecibles.

Reseña: El conquistador (Federico Andahazi)



Si hay un principio ideal para una novela, es el capítulo 0 (cero) de El Conquistador. Es una declaración de principios, una descripción del personaje y un adelanto de sus aventuras. Un cebo imposible de ignorar. Espero no transgredir nada si cuelgo en la página ese primer capítulo, tan bueno como breve:

" Estableció con exactitud el ciclo de rotación de la Tierra en torno del Sol y trazó las más precisas cartas celestes antes que Copérnico. Fue el primero en concebir el mapa del mundo adelantándose a Toscanelli. Los gobernantes buscaron su consejo sabio, pero, cuando su opinión contradijo los dogmas del poder, tuvo que retractarse por la fuerza, tal como lo haría Galileo Galilei dos siglos más tarde. Imaginó templos, palacios y hasta el trazado de ciudades enteras durante el esplendor del Imperio. Concibió el monumento circular que adornaba la catedral más imponente que ojos humanos hubiesen visto jamás. Varios años antes que Leonardo da Vinci, imaginó artefactos que en su época resultaban absurdos e irrealizables; pero el tiempo habría de darle la razón. Adelantándose a Cristóbal Colón, supo que la Tierra era una esfera y que, navegando por Oriente, podía llegarse a Occidente y viceversa. Pero a diferencia del navegante genovés, nunca confundió las tierras del Levante con las del Poniente. Tenía la certidumbre de que había un mundo nuevo e inexplorado del otro lado del océano y que allí existía otra civilización; sospecha que habría de confirmar haciéndose a la mar con un puñado de hombres. Se convirtió en naviero y él mismo construyó una nave inédita con la cual surcó el océano Atlántico. Tocó tierra y estableció un contacto pacífico con sus moradores. Pero sólo porque estaba en inferioridad de condiciones para lanzarse al ataque. Comprobó que el Nuevo Mundo era una tierra arrasada por las guerras, el oscurantismo, las matanzas y las luchas por la supremacía entre las diferentes culturas que lo habitaban. Vio que los monarcas eran tan despóticos como los de su propio continente y que los pueblos estaban tan sometidos como el suyo. Escribió unas crónicas bellísimas, pero para muchos resultaron tan fabulosas e inverosímiles como las de Marco Polo. Supo que el encuentro entre ambos mundos iba a ser inevitable y temió que fuese sangriento. Y tampoco se equivocó. Trazó un plan de conquista que evitara la masacre. Retornó a su patria luego de dar la vuelta completa a la Tierra, mucho antes de que Magallanes pudiese imaginar semejante hazaña. A su regreso, advirtió la inminente tragedia a su rey.
Si hubiese sido escuchado, la historia de la humanidad sería otra. Jamás consiguió que le otorgaran una flota y una armada para lanzarse a la conquista. Fue el primero en ver que ningún imperio, por muy poderoso, magnánimo y extenso que fuese, podría sobrevivir a la ambición de sus propios monarcas. Pero fue silenciado. Tomado por loco, condenado al destierro, vaticinó el fin de su Imperio y la destrucción de la ciudad que él había contribuido a erigir.
Supo con muchos años de antelación que la única forma de que su civilización no pereciera, era llevando adelante el desafío más grande de la humanidad: la conquista de Cuauhtollotlan, como él bautizó al nuevo continente, o Europa según el nombre con que lo llamaban los salvajes que lo habitaban. Fue el más brillante de los hijos de Tenochtitlan. Su nombre, Quetza, debió haber fulgurado por los siglos de los siglos. Pero apenas si fue recogido por unas pocas crónicas y luego pasó al olvido. Su interés por la unificación del mundo no era sólo estratégico: al otro lado del mar había quedado la mujer que amaba.
Lo que sigue es la crónica de los tiempos en que el mundo tuvo la oportunidad única de ser otro. Entonces, quizá no hubiesen reinado la iniquidad, la saña, la humillación y el exterminio. O tal vez sólo se hubiesen invertido los papeles entre vencedores y vencidos. Pero eso ya no tiene importancia. A menos que las profecías de Quetza, el descubridor de Europa, todavía tengan vigencia y aquella guerra, que muchos creen perteneciente al pasado, aún no haya concluido.
Hasta la fecha, sus vaticinios jamás se equivocaron. "
El inicio no puede ser más arquetípico: es la historia del desterrado, del diferente, de un huérfano que está a punto de morir sacrificado para complacer al dios Huitzilopoztli, y que es salvado in extremis por Tepec, uno de los últimos descendientes de los Toltecas u Hombres Sabios, quien se hará cargo de su crianza y educación bajo los principios del benévolo dios Quetzalcoatl, representante de la luz y la vida, eternamente enfrentado a su opuesto Huitzilopoztli, el otro pilar de la religión y estructura social méxica, representante de la guerra y la oscuridad, siempre sediento de sangre fresca…
Andahazi precisa que El conquistador no es retrato fiel de la sociedad méxica precolombina, acaso por temor a parecer aburrido, pero el paseo que nos da por dicha sociedad, recreada ex profeso para la presente novela, es un tour de force. Junto a Quetza, el protagonista, conocemos el duro trabajo que implicaba hacerse hombre a un joven méxica, los peligros a los que se veía expuesto (además de la constante posibilidad de ser sacrificado a los dioses) y el maravilloso entorno mítico en el que se desenvuelve: ser un méxica es tan mortífero como fascinante.
Si sobrevivir a la infancia y adolescencia en la sociedad mexica ya es un premio en sí mismo, no se compara con el riesgo que implica atraer la atención de los notables, más dispuestos a castigar que a premiar. Y es que el joven Quetza se convierte en una suerte de ingeniero a lo Leonardo Da Vinci, capaz de diseñar un calendario de gran precisión y puentes adecuados para la ciudad de Tenochtitlan, situada en un lago. Además, sus dotes de deducción, sumada a las tradiciones enseñadas por su tutor Tepec, le permiten conjeturar acertadamente que la Tierra es redonda y que, navegando hacia el oriente, con seguridad debía encontrarse otras tierras habitadas, acaso también la mítica Aztlan, la misteriosa tierra de origen de los mexicas. La envidia de los cortesanos del tlatoani, el rey de los mexicas, lo llevan a encomendar a Quetza una misión imposible: construir una nave capaz de surcar el Atlántico y encontrar las tierras que sus lucubraciones han previsto. Desterrado a la Huasteca, un territorio alejado y hostil, será librado a su suerte para cumplir su misión.
Sin embargo, su habilidad le permitirá ganarse la voluntad de un pueblo de feroces guerreros que además son expertos en la navegación marítima. Diseña pues una nave especial para un largo viaje, y parte rumbo a oriente… es decir, Europa.
Llegado a este punto (en plena amanecida, no quería soltar el libro), temí que el autor no pudiera superar el reto que supone ficcionalizar de manera creíble la llegada de un mexica precolombino a la Europa del renacimiento. Mis temores eran infundados: magistralmente, Quetza y su tripulación no solo llegan sanos y salvos a Europa, sino que se permiten recorrerla, no sin ciertos sobresaltos, llevándonos de la mano de las reflexiones de Quetza respecto a las instituciones europeas, los temperamentos tan disímiles entre españoles, franceses e italianos, la similitud entre todas las religiones, y el momento cumbre de la novela, que es cuando Quetza cae en la cuenta que el posee algo que los europeos ni siquiera barruntan: un mapa que abarca prácticamente todo el mundo. Ese conocimiento le llega al mismo tiempo que el amor, que encuentra en la persona más increíble, que acaso como él, tal vez sea también una hija perdida de Aztlán…
Sin embargo, además de saciar su curiosidad, Quetza se comporta también como estratega, y elabora planes de conquista de esas nuevas tierras por él descubiertas. Evalúa las diferencias técnicas entre su pueblo y los europeos, las cuales le parecen superables. Una o dos generaciones, calcula, y los mexicas conquistarían Europa, usando las mismas armas que los europeos en su contra. Nuevamente, el autor elabora de manera tan detallada esta posibilidad histórica, que uno se pregunta sinceramente si, aparte de las armas de fuego, los caballos y el acero, los ejércitos europeos eran realmente superiores a los de la América precolombina. En concordancia con lo planteado por Juan Miguel Aguilera en Rihla , es plausible conjeturar que las cosas pudieron haber sido de otro modo.
Quetza asume pues su destino de conquistador, y actúa en consecuencia. Sabiamente, se da cuenta de que si ellos no conquistan a los europeos, estos conquistarán a los mexicas. ¿Cuáles son los límites entre la ficción y la historia? Toca al lector conjeturar cómo pudo ser el mundo si las cosas hubiesen sido de otra manera.