miércoles, 5 de agosto de 2009

Reseña: El signo del perro (Jean Hougron)

El signo del perro
Jean Hougron
Plaza & Janés
Colección Horizonte, Número 6
1962
Escrita en 1961, “El signo del perro” ha resistido con mucha dignidad el transcurso del tiempo y algunos detalles debidos a la deficiente traducción.
En líneas generales, estamos ante una space-opera bastante típica: el protagonista, emisario de una suerte de confederación galáctica que existirá en el futuro, es enviado al planeta Sirkoma con la finalidad de incorporarlo a dicha confederación, y de paso, investigar lo ocurrido con una nave espacial perteneciente a la misma, desaparecida en las inmediaciones del planeta.
En cuanto llega a Sirkoma, empiezan los enigmas: pese a poseer una ciencia avanzadísima, los sirkomianos viven una existencia bastante austera y primitiva, pues aparentemente carecen de naves espaciales y otros adelantos. Más aún, la única ciudad sobre el planeta, llamada Eimos de Salers, es continuamente atacada por unos monstruos llamados rhunqs, perros mutantes gigantescos que incluso han desarrollado alas… Estos monstruos, cuyos ataques determinan el modo de existencia de los sirkomianos, son combatidos por una élite de guerreros, los Hombres-Fuerza, quienes han desarrollado poderes mentales, aparentemente más efectivos contra los rhunqs que las armas convencionales.
Los estándares de vida en los que se basa la sociedad sirkomiana son bastante espartanos. Ser rico es posible, pero tal condición implica ser considerado una especie de antisocial, pues la riqueza y la comodidad resultan en un puntaje menor en la escala de valores que rige la vida de los sirkomianos, la cual a su vez aparentemente guarda una relación directa con la frecuencia e intensidad de los ataques de los rhunqs. Mientras más “buenos” sean los sirkomianos, más fácil les será vencer a los monstruos.
La mayor virtud que se le puede reconocer a la novela es su concisión. En pocas palabras, y a veces de manera aparentemente desmañada, se nos describe una civilización futura fascinante y llena de enigmas, cuyas guerras, costumbres, ideologías y religiones no son menos interesantes que los seres que la pueblan, tanto humanos como extraterrestres. El autor desliza continuamente detalles acerca de este maravilloso universo como quien no quiere la cosa, originando así una constante sensación de sorpresa en el lector.
Tan es así, que pese a tratarse de una space opera con cierto toque de policial, prácticamente no hay acción alguna hasta el final del libro. La mayor parte de la novela está compuesta por diálogos entre los protagonistas, y ni aún así pierde un ápice de interés o emoción, aunque se trata de una emoción basada en la angustia que despierta en el lector por hallar la solución de un misterio cuyas implicancias han alterado la vida entera de un planeta. Casi podríamos decir que estamos ante otra aventura de Lemy Cranston, el protagonista de la película Alphaville.

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