miércoles, 5 de agosto de 2009

Cuento: El ojo (Daniel Salvo)

Hoy me colocaron el Ojo.
Le dicen así por que es redondo y tiene una superficie brillante con un círculo en el centro. Este círculo cambia de colores con el paso del tiempo, y proyecta una serie de códigos y guarismos digitales. Pero eso no es lo importante del Ojo.
Algunos se lo colocan en lugares más discretos, acaso avergonzados de su uso. Yo he preferido seguir la tendencia de los Revivalistas, esto es, me lo han implantado en la palma de la mano derecha, en una suerte de homenaje a un filme o serie de la televisión del siglo anterior.
Hace tan sólo unos días, no habría pasado siquiera por mi mente la idea de recurrir al Ojo. Se supone que ninguna persona decente lo haría. La Iglesia también lo prohíbe, dicen que nos priva de dignidad y otras cosas que, ante una circunstancia como la mía, pasan por completo a un segundo plano.
Como todo el mundo en esta era de control y prevención, acudí al examen anual. La empresa lo paga. Pero a diferencia del año pasado, esta vez me diagnosticaron cáncer. Un cáncer fulminante, tanto, que causó el asombro de los mismos médicos. Si se me veía tan bien…
- ¿Pero, se puede hacer algo?
- Por supuesto. Quimioterapia, radiación, cambios en su dieta…
Me reí en la cara del médico. ¿Someterme a los tratamientos que todo el mundo sabía eran ineficaces y dolorosos? ¿Esperar con angustia que los quizá de los médicos se convirtieran en certezas?
- ¿No hay otra posibilidad?
- Bueno, usted conoce la única alternativa, los dispositivos de tratamiento nanomédico. Pero no podemos…
- Muchas gracias por todo, doctor. No creo que nos volvamos a ver.
Dispositivos de tratamiento nanomédico. Ojos. Pequeños implantes llenos de nanobots, capaces de curar todo. O casi todo. Eso es lo que dicen los libros, los videos y la red. Comparar un Ojo con el tratamiento más avanzado de la medicina anti cáncer es como comparar la penicilina con el brebaje preparado por un médico brujo.
Decidí entonces acudir a un Centro. No a un hospital, instituto o algún lugar por el estilo. En un Centro, se encuentra la tecnología más avanzada que la Microsoft pueda desarrollar.
Claro que un Ojo no es como cualquier otro producto. Tienes que firmar varios documentos, dejar en claro que lo haces bajo tu libre albedrío, y que aceptas toda posible consecuencia o efecto secundario. Por supuesto que lo acepto: a mi no me va a matar ningún cáncer.
Recibí el empaque plástico con el Ojo en medio, como si me entregaran un souvenir barato. Es como una moneda pequeña, con su lado brillante y el otro con la aguja. Apenas duele cuando me lo inserto en la palma. Un destello en verde indica que se ha activado. Mientras salgo del Centro, espero.
Y en verdad es como dicen. Efectos inmediatos. Casi puedo sentir a los submicroscópicos nanobots fluyendo por mi torrente sanguíneo, por mis tejidos, por mis órganos. Casi los puedo ver atacando el cáncer, detectando otras enfermedades, corrigiendo algún defecto interno. No han pasado ni quince minutos, y siento mi visión más clara y aguda. Los músculos como los de un felino. Dicen que también mejoran las sinapsis. Quizá me vuelva más inteligente, y entonces pueda burlarlos.
Por que nada es gratis en este mundo. Cierto es que acabo de adquirir un seguro de salud a toda prueba, además de una significativa suma de dinero que se depositará en mi cuenta por el resto de mi vida - regalo de la Microsoft por fungir de "sujetos experimentales"-. Como muchos otros, apenas estoy comenzando a vivir una vida maravillosa, rebosante de salud y dinero… que sólo durará unos diez años.
Al menos, eso es lo que dicen. Durante diez años, es fácil saber quienes han hecho uso del Ojo. Es el vecino exitoso, la modelo perfecta, el anciano rejuvenecido. Todos hacen lo posible por que se note su existencia, por dejar huella de su paso, por que todos sepan donde están y qué hacen. Todos hacen lo posible por ser localizables. Pero es inútil. Luego de diez años de colocarse el Ojo, desaparecen. Nunca se ha vuelto a ver con vida a alguien que haya utilizado el Ojo, a pesar de todos los intentos de seguimiento. En ninguna parte del mundo.
Por supuesto, los medios de prensa acosan con sus preguntas a los representantes de Microsoft. Estos esgrimen los documentos que los exoneran de cualquier responsabilidad. Sus abogados remiten a la libertad personal de los clientes de hacer lo que quieran con sus vidas. Y no olvidan mencionar los casos de aquellos que han recurrido al Ojo hace más de diez años y se encuentran con vida: el Presidente de los Estados Unidos, el Secretario General de la ONU, algunos parlamentarios europeos, un Primer Ministro…
La verdad, estoy seguro, es otra, y es un secreto a voces. Por eso es que pocos acceden a utilizar los Ojos. Por eso la Iglesia se opone a su uso, al igual que algunos intelectuales. Por eso es que yo jamás habría pensado en utilizar un Ojo, antes de saber que tenía cáncer, por supuesto. Aún tenemos fresca la memoria de los viejos tiempos, cuando los nanobots no habían desarrollado inteligencia autónoma y debían ser programados.
Cuando éramos nosotros quienes experimentábamos con ellos.

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