martes, 14 de julio de 2009

Reseña: Conde Cero (William Gibson)

Las trilogías (o pentalogías, o n-logías) parecen ser una constante en la CF. A la cabeza, tenemos la más famosa de todas, el ciclo de la Fundación de Isaac Asimov. William Gibson decidió también continuar con el mundo que había descrito en "Neuromante", y así surgieron "Conde Cero" y "Mona Lisa acelerada", la cual reseñaremos en la próxima edición de "Ciencia Ficción Perú".

Para empezar, "Conde Cero" no es , propiamente, una continuación de "Neuromante". Si bien la acción se sitúa en el mismo universo, y algunos de los sucesos narrados son consecuencia de lo narrado en la primera novela, se trata de una trama independiente.

La novela está compuesta por tres historias relacionadas entre sí. El Conde Cero que da título al libro es un muchacho llamado Bobby Newmark que sueña convertirse en vaquero de consola, el cual es contactado por "algo" que acecha en la red, lo cual lo vuelve valioso para un grupo de seguidores del vudú que identifica a dioses del panteón haitiano, como el Barón Samedi o Dambala, con inteligencias artificiales liberadas. Obligado a unirse a estos houngans para no ser asesinado, el Conde Cero deberá poner a prueba sus incipientes habilidades de hacker para salvar su vida y la de sus nuevos amigos. ¿Salvarlos de que? Bueno, parece que el contacto hecho por el Conde Cero en la red ha sido percibido por alguien mas...

También cuenta la historia de Turner, un mercenario que se dedica a sacar trabajadores de una empresa a otra. Es que en el futuro que imagina Gibson, los empleados mas calificados son una especie de prisioneros de sus empleadores, y la única forma de que puedan cambiar de trabajo es fugándose de los campos de concentración en que se han convertido algunas empresas. Sin embargo, Turner deberá optar por llevarse, o bien al empleado o a su hija, Angela Mitchell, una niña que tiene la habilidad de conectarse directamente a la red...

Y está Marly, una marchante de arte (en Perú diríamos "curadora") que es contratada por el magnate Josef Virek, quien se comunica con ella a través de una simulación informática debido a que es un anciano tan enfermo que en realidad se encuentra en un tanque de hielo, buscando la forma de transferir su conciencia a la red. Mientras, encarga a Marly la búsqueda del creador de unos extraños objetos de arte, búsqueda que la llevará a una zona que creíamos conocida, Freeside (traducida ahora como Zona Libre), la ciudad en órbita construida por el clan Tessier-Ashpool.

A diferencia de "Neuromante", las inteligencias artificiales tienen un papel secundario en "Conde Cero". Pareciera que Gibson opta por un trama que nos detalla un poco mas el mundo del futuro próximo. Ciudades controladas por bandas callejeras, empresas más poderosas que muchos países, condiciones de empleo inverosímiles...

Otra cosa que cabe señalarse es la idea de Gibson de que los primeros contactos de la humanidad con las inteligencias artificiales "libres" se realizan en un contexto religioso. En efecto, el grupo de personas que tienen contacto con las IAs creen ver en ellas a dioses del vudú. Otro personaje contactado, Lugan Widgate, considera que es Dios quien le habla. Lo cual nos hace preguntarnos: ¿acabaremos adorando a nuestras propias creaciones? ¿Se cumplirá la ley de Arthur C. Clarke, según la cual una tecnología muy avanzada es indistinguible de la magia? En todo caso, las IAs de Conde Cero son capaces de utilizar a los seres humanos, aunque no queda claro para qué propósitos...

El clima general de la novela es menos "negro" que en Neuromante. De hecho, un romanticismo ligeramente rosa envuelve el final, como para decir que en el ciberpunk también hay finales felices... mientras duren.

Daniel Salvo

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