jueves, 23 de julio de 2009

Reseña de Barba Gris (Brian Aldiss)




Las novelas postapocalípticas tienen un no se qué, un cierto encanto morboso que juega con nuestra curiosidad respecto a la posible agonía de la humanidad tal como la conocemos (bien mirado, el fin del Imperio Romano debe haber sido percibido como "el fin del mundo" para muchos de sus ciudadanos). En este tipo de novelas, no nos conmueve tanto el tipo de catástrofe ocurrida en el planeta, sino los avatares de los sobrevivientes. "Barba Gris" se encuadra dentro de este tópico, pero tiene mucha más fluidez e interés que "La gente del margen" de Orson Scott Card, por poner un ejemplo.
"Barba Gris" es el apodo de Algys Timberlane, miembro de la última generación de seres humanos nacida antes del desastre ocurrido en 1981, que ha ocasionado la esterilidad casi total de la población mundial y de algunas especies animales. Residente en Sparcot, un pueblecito de Inglaterra, se ve obligado a dejarlo en busca de paz. Remontando el Támesis, vemos qué le ha ocurrido a una Inglaterra poblada por ancianos. Timberlane, a sus cincuenta y cinco años, es uno de los seres humanos más jóvenes que existen. El recorrido por este mundo geriátrico está lleno de sorpresas, y es esta descripción la que nos muestra el genio de Aldiss, su capacidad de maravillarnos y conmovernos con aparentemente tan pocos elementos: el viaje de los protagonistas se convierte así en una suerte de odisea sin esperanza de encontrar ninguna Itaca. Los sobreviventes, libres a su pesar de la presencia de jóvenes y niños, asumen comportamientos que difícilmente podemos reconocer como propios de ancianos. Así, hay prostitutas de ochenta años, eruditos que se dictan clases entre ellos en un Oxford en ruinas, un anciano castrado que es exhibido como un "joven" en una feria, todo ello matizado con recuerdos del pasado en el cual ocurrió la catástrofe, recuerdos que permiten al lector recrear coherentemente una época muy parecida a la actual, invasión al oriente incluida.
El deambular por el mundo de Barba Gris nos lleva a preguntarnos: ¿cómo reaccionaríamos ante una catástrofe así? En "La Tierra permanece" de George R. Stewart, quedaban pocos humanos pero con su capacidad de reproducción intacta. En "Barba Gris", quedan más humanos, al punto que pueden todavía intentar respuestas creativas ante la catástrofe - como el proyecto DOUCH (E), anagrama de "Documentation of Universal Contemporary History -England"-, pero sus esfuerzos se ven lastrados por la sensación de total inutilidad: en un mundo donde todos están cerca de la muerte, sin posibilidad de renovarse, ¿quién quedará para apreciar los esfuerzos de un grupo de historiadores? El libro se divide, o más bien se desliza (¿cómo un río?) en dos cauces: el presente de los personajes y sus recuerdos, que nos permiten conocer cómo es que ocurrió la catástrofe: se hicieron pruebas nucleares en el espacio, las cuales afectaron a los cinturones de Van Allen, que protegen la vida terrestre de radiaciones letales del espacio exterior. El resultado de esta alteración es el incremento de casos de cáncer y una prolongada esterilidad, que convierte a la generación de Barbagrís, nacido en el año 1974, probablemente en la última sobre la Tierra. Puesto que el mundo no está "devastado" al estilo Mad Max, o despoblado como en "La Tierra permanece", la catástrofe tiene un efecto evidente más en el interior de los personajes que en el exterior, salvo cuando han transcurrido algunas décadas y la naturaleza recobra sus dominios sobre un mundo que va siendo abandonado por el hombre. Los ingleses retratados por Aldiss, pese a contar con la posibilidad de contactarse con habitantes de otros lugares fuera de Inglaterra, prefieren encerrarse en sí mismos, pues han perdido el interés. Suena lógico, sobre todo si piensas que el tipo más joven que conoces tiene más de cincuenta años... La gran esperanza es que los efectos de la radiación se disipen, y los niños puedan nacer de nuevo. Existen rumores y leyendas sobre gnomos y duendes en el bosque que podrían sustentar la idea de que algunos niños han podido nacer y sobrevivir. ¿Es cierto eso? ¿Por qué entonces se ocultan? La respuesta, muy lógica pero muy cruel, nos indica que, pese a todos los esfuerzos, la humanidad que se quedó sin niños se ha perdido, pues carece de herederos. De haber nuevos niños, no tendrán nada que ver con el mundo agonizante de Barbagrís, y acaso sea lo mejor para ellos.

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