viernes, 17 de julio de 2009

Reseña: Glasskán, el planeta maravilloso (José M. Estremadoyro B.)



Glasskan

El planeta maravilloso
Editorial PEISA S.A.
Lima, 1971

José M. Estremadoyro B.

Durante los años 70, me hice aficionado a la ciencia-ficción. Previamente, fui un fanático lector de una revista llamada "Lo insólito", dedicada a los llamados fenómenos paranormales, el ocultismo y los OVNIS. Parece que la revista tuvo cierto éxito, por que se llegó a exportar a otros países y duró sus 50 ediciones, que yo releía una y otra vez, convencido de la veracidad de sus afirmaciones, sobre todo las relativas a los avistamientos de OVNIS y a los contactos extraterrestres.Recuerdo la sección "Extraño, muy extraño" de Zizi Ghenea, y "Humor de todo color", a cargo de María Telleria Solari, quien escribía cuentos humorísticos de ciencia ficción.

Entre los "casos documentados" de contacto con extraterrestres, destaca la cobertura dada al "Grupo RAMA", liderado por Sixto Paz Wells, quien afirmaba (y lo sigue haciendo en la actualidad) haber tenido contacto con seres provenientes de Ganimedes y otros planetas. Todo esto está descrito por el periodista español Juan José Benítez en su libro "OVNIS: S.O.S. a la humanidad".

Todo este afán por los OVNIS dio origen, además, a un nuevo género literario: el de los contactados, personas que publicaban libros en los que describían sus supuestos contactos con seres de otros mundos. Por supuesto, este género no nació en Perú, pero puede decirse que recién en los 70 se publican obras del mismo. Aparece el gran clásico "Yo visité Ganimedes" de Yosip Ibrahim, que aún sigue editándose, aunque en versión pirata.

Ahora, ¿qué había realmente detrás de estos libros? Cada año que pasaba, me hacía mayor y más perverso, y las afirmaciones encontradas en dichas obras se me hacían más y más inverosímiles. Empero, si había algo que era constante: los extraterrestres siempre nos daban mensajes de paz y amor, de contenido mas o menos religioso. En suma, estos libros servían acaso para que los autores pudieran difundir su idea de un mundo mejor.

Ahora considero, y creo que no soy el único, que el afán de los "contactados" es buscar aquello que la ciencia y la religión no les pueden dar. Si hemos matado a Dios, si la ciencia no explica todo, ¿en qué podemos creer? En los nuevos "dioses", los extraterrestres. Resulta por demás significativo que otro gran clásico de la ovniología, Erich Von Däniken, siempre utilice la palabra "dioses" en los títulos de sus obras, y siempre trate de identificar a los dioses de las religiones antiguas con seres extraterrestres.

Tal vez por el auge de este tipo de obras, que tenían a "extraterrestres reales" por protagonistas, es que pasó desapercibida la novela "Glasskan". Publicada por la Editorial PEISA en 1971, la trama es un pretexto para que el autor describa lo que el considera la utopía, consistente en un mundo lleno de alfombras rojas y muchachas vestidas con ropa ligera a las que, persistentemente, llama "damitas".

Debo confesar que me fue difícil terminar de leerla. La acción se ve lastrada por interminables discursos y descripciones de ambientes muy "similares" a los terrestres.

La trama es la siguiente: el protagonista, un maduro y formal padre de familia peruano, se encuentra con una nave extraterrestre que le ofrece llevarlo a su mundo, Glasskan, para que conozca su civilización superior y, a su regreso, difunda las enseñanzas de los "galacsinos" (así se autodenominan los habitantes de Glasskan) a los gobiernos de la Tierra. En Glasskan, el protagonista se encuentra con otros terrestres (procedentes de Estados Unidos, la ex Unión Soviética y Francia), llevados a Glasskan por la misma razón.

A los terrestres se les asignan unas lindas "damitas" a modo de guías, que responden a los nombres de Kil, Ilk y Lik. Estas bellas anfitrionas llevan a los terrestres a conocer su mundo, lleno de habitaciones alfombradas en rojo y paredes cubiertas de plástico. El summun de la modernidad es un ambiente de cabaret barato. Los galacsinos están felices con sus invitados, de quienes aprenden a jugar fútbol.Además, resulta que los galacsinos carecen de aptitudes para la música, de modo que en sus ciudades hay unos parlantes que constantemente difunden música clásica terrestre. Para entretenerse, en las estaciones espaciales, ven películas hiperrealistas de campesinos galacsinos cosechando. Vaya relax.

Pero no todo es felicidad en Glasskan: existe un planeta cercano llamado Korpón, cuyos habitantes carnívoros consideran a los galacsinos una delicia, por lo que organizan contínuas incursiones a Glasskan. Los galacsinos, muy a su pesar, deciden tomar represalias (luego de mucho pensarlo, por cierto). Y los terrestres, de observadores, pasan a ser instructores en lucha cuerpo a cuerpo, que además participan en una jocosísima incursión a Korpón, al estilo "Rambo". La escena es delirante: Korpón es tan "parecido" a la Tierra, que los korpones de campo viven en casas de barro y techo de paja. Nuestro protagonista irrumpe en una típica residencia campestre, en la cual tres korpones se disponen a almorzar una "pierna de galacsino" asada. Nuestro terrestre, y sus amigos galacsinos que recién han aprendido el arte de la lucha libre, entran y matan a todos los korpones (incluido un niño) con una alegría digna de mejor causa. Realmente, la escena parece sacada de algún dibujo animado de Hanna - Barbera.

La estructura social galacsina es, según el autor, igualitaria: todos los hombres desean ser "regidores wumpos" (es decir, los máximos gobernantes) y todas las mujeres desean servirles refrescos a los hombres. El amor es libre: si dos galacsinos deciden unirse, su vínculo no se disuelve sino hasta la muerte de alguno de ellos. Extraño concepto de libertad.

Hay que reconocerle al autor cierta habilidad para irse por las ramas ante una pregunta difícil. En algún momento, uno de los terrestres pregunta a los galacsinos si existe Dios. Los galacsinos responden con tres páginas de apretada escritura, de las cuales el lector nunca sabe si respondieron si, no o quien sabe. Incluso podría decirse que algo saben, pero que no pueden decírselo a los terrestres, supongo que por primitivos.

No negaré que leer esta novela fue un tanto tedioso, pero al finalizarla, tuve la recompensa de apreciar una excelente muestra de humor involuntario.

Meses después de haberla leído, ocurrió algo curioso: descubrí que "Glasskan" tenía una continuación titulada "La tierra y los homos". Nunca lo hubiera sabido de no haber visto el nombre del autor en la portada de este último libro, que ya no fue editado por PEISA. Espero poder leerla pronto, y divertirme tanto como con "Glasskan".

1 comentario:

  1. No se si alguna vez te escuchaste eso de que "si no tienes nada bueno que decir mejor no digas nada". Pues en este caso se aplica porque necesitas criticar un libro que segun tu no te gusto pero LEISTE HASTA EL FINAL y no olvidemos que tambien LEISTE LA CONTINUACION para que las personas a las que si les gusto el libro encuentren tu blog.
    Deberias aprovechar mejor tu tiempo y dedicarte a algo productivo.

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