jueves, 30 de julio de 2009

Autores peruanos: Los cristales de Vuhrán: El Athyrant (Ivan Bolaños Gamero)

Los Cristales de Vuhrán
El Athyrant

Iván Bolaños Gamero
Edición de autor, 2005
Lima, Perú


Empecemos con la historia. Hace miles de años, dos naves extraterrestres se enfrentan lanzándose rayos en las inmediaciones de nuestro planeta. La nave de los malos, por suerte, es destruida. Pero sus restos caen a la Tierra y ocasionan un cataclismo que destruye una isla que no es otra que la Atlántida.

Los buenos extraterrestres, apenados por los resultados no deseados de su victoria, cogen a los sobrevivientes y se los llevan a otro planeta con dos satélites, que posteriormente serán bautizados como Dumia y Mosira. Los dejan en una isla – la futura Vuhran – y les regalan uno poderoso y mágico cristal, que brilla por si solo. Los atlantes agradecen a quienes erróneamente han tomado por dioses. En adelante, vivirán recordando ese momento.

Tras unos años de progreso, viene el pecado de la soberbia. Algunos atlantes pretenden abusar del poder del cristal, lo cual es impedido por un valiente guerrero llamado Efahón-Zores. Este rompe el cristal, engarzando los trozos resultantes en espadas y escudos (suyos y de sus seguidores). El resultado son armas invencibles. Protegiendo el resto del cristal, huyen de Vuhrán y de sus malvados gobernantes, fundando la orden de los “soldados de dios” o athyrant.

El tiempo continúa su marcha, y la población del planeta se ha dividido en tres estados o reinos. En uno de ellos, un buen y responsable soldado decidirá entrenar a su hijo, Aheólian-Priem, como militar. Sin embargo, el buen hombre es asesinado por unos bandidos. Para buena suerte del muchacho, quien iba a ser victimado por estos bandidos, un athyrant pasaba cerca y lo rescata, para luego hacerse cargo de su educación y entrenamiento. La madurez de Aheóliam-Priem coincide con el inicio de una serie de cruentas guerras entre los poderes monárquicos, cuyo objetivo principal es conseguir los restos del cristal que les fuera obsequiado por los extraterrestres que los rescataron del hundimiento de la Atlántida.

Este es el inicio de la saga de los cristales de Vuhrán, centrado en las aventuras del athyrant Aheólian-Priem, diestro espadachín y magnífico caballero. El athyrant es la primera de una trilogía de novelas ofrecida por el autor.
Cabe precisar la deuda con varios clásicos del cine de aventuras, así como el esquema heróico tradicional, en el cual un mundo sumergido en el caos espera la providencial llegada de un elegido para arreglar las cosas.

El libro es acompañado de oportunos dibujos y gráficos que permiten hacerse una idea de cómo transcurren algunas escenas, aunque habría sido deseable dejarlas a la imaginación del lector.

Si bien cuenta con un útil glosario de términos al final del libro (al igual que “Máscaras de matar” de León Arsenal), muchos de estos nuevos términos sólo contribuyen a generar confusión, pues se trata de objetos y categorías existentes en nuestro idioma. Por ejemplo, no hay problema en seguir llamando “caballo” a las monturas de los jinetes, aunque sea poco probable que un planeta distante cuente con una fauna similar a la terrestre, pero se crea el término “nelibar” para decir “capitán”. También se recurre en exceso al uso de la letra “h” intercalada en casi todos los nombres propios, quizá con el objetivo de darle exotismo a la acción, lo que se logra a medias: el lector pierde más tiempo en tratar de descifrar cómo se pronuncia una palabra que en empaparse de la trama.

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