jueves, 23 de julio de 2009

Reseña: Los Homos y la Tierra (José M. Estremadoyro B.)



Los homos y la Tierra

J. M. Estremadoyro

Tipografía Venus S.A. Editores

Lima

Primera Edición, 1971



En una edición anterior de "Ciencia Ficción Perú", incluimos una reseña de "Glasskan, el planeta maravilloso", novela de una simpleza increíble y plagada de dialogos hilarantes, parrafadas farragosas y escenarios de lo más kitsch. Sin embargo, "Glasskan, el planeta maravilloso" tuvo una continuación, la cual ya no fue publicada por PEISA sino por una editorial independiente.


Recordemos un poco. En la primera novela, asistimos a un viaje realizado por un terrestre a Glasskan, planeta habitado por una - y solo una- raza de seres humanoides perfectos, física y mentalmente (según el autor). Estos galacsinos le enseñan a nuestro terrestre cómo es su sociedad perfecta y le asignan una guía llamada Kcala - que sólo llega a ser "amiga" del protagonista, pues éste dejó mujer e hijos en la Tierra -. Agradecido, él y otros terrestres les enseñan a los galacsinos a pelear, para así vengarse de los malvados "korpones", seres de un planeta vecino que suelen degustar piernas de galacsino asadas, acompañadas de la respectiva guarnición. Pero el viaje a Glasskan no consistió solamente en una excursión turística con aventura incluida. Los galacsinos tenían el propósito de capacitar a los terrestres para que éstos ejecutaran una misión muy delicada y secreta en la Tierra.


Y es en Los homos y la Tierra donde se narra el, digamos, desarrollo de esa misión. Para no crear una intriga innecesaria, diremos que la tal misión consiste en buscar terrestres dignos de que se les administre la "vitta" y el "sensil", sustancias que los harán rejuvenecer y volverse más activos, inteligentes y vivaces. Los elegidos deberán ser hombres cuya actividad contribuya al desarrollo de la Tierra.


Las primeras cien páginas de esta novela, son, para empezar de alguna manera, hilarantes. La ausencia de un corrector de estilo es notoria, encontrándose cada página plagada de errores gramaticales y ortográficos. En esas cien páginas, una suerte de primera parte de la trama, nuestro protagonista - quien resultó llamarse José Manuell, si, con "ll" - es devuelto a la Tierra con el resto de terrestres que anteriormente habían sido llevados a Glasskan. Los otros terrestres responden a un cierto estereotipo que el autor tiene respecto a los nacionales de otras latitudes. Así, los japoneses Turo Osaka y Hiro Hiro son expertos en muecas y en despertar la risa de sus compañeros. El francés Paul Gabán es un galancete de matineé, "un franchuti divertido" como lo llama el autor. El ruso Boris Korff y el norteamericano Bobbly Glem (también aparece uno llamado Bey Smith) son dos representantes de países antagónicos, pero suelen dejar de lado sus ideas contrarias en cuanto reconocen la superior "Magna Ley Kray" de los galacsinos, que es tan, pero tan perfecta que es imposible negarse a cumplirla (siempre la mencionan como "Magna Ley Kray", con mayúsculas). Nada digamos de las galacsinas Ilk, Lik y Kil, esposas del ruso, el gringo y el francés, mujeres que solo sirven para llevarles refrescos y "pan con porcino" (¿también hay chanchos en Glasskan?) a sus parejas. Posteriormente, la galacsina Kiel se unirá con Bey Smith, un norteamericano que también estaba en Glasskan. Como ya dijimos, nuestros amigos terrestres son devueltos a la Tierra por los "regidores Wumpos", viajando a nuestro planeta en una nave o "Gran Klaván". El lugar al que son enviados es la Estación Torkon, situada en el interior del monte Everest. El refugio es inmenso, de granito pulido, con temperatura agradable y decorado con pasto y árboles artificiales. En dicho recinto, se les expone los detalles de su misión, y se les somete a un peculiar "tratamiento", con vagas reminiscencias al "tratamiento ludóvico" de La naranja mecánica. Pero vayamos por partes. Cada capítulo de esta novela termina con unos carcajeantes diálogos entre los protagonistas. Siempre hay alguien que termina diciendo o haciendo algo gracioso, de modo que los demás celebran la ocurrencia con risas y aplausos. Si alguna de las mujeres está presente, su esposo o pareja le da un beso. Pareciera que el autor ha visto muchos episodios de "Mi bella genio", "Hechizada" y "Scooby - Doo" para desarrollar sus peculiares escenarios. Como primera parte de la instrucción, se les alecciona respecto al uso de la "vitta" y del "sensil". La "vitta" es un supermedicamento que rejuvenece, agiliza, adelgaza... en fin, la panacea. El "sensil" no se queda atrás, aunque sirve más bien como vehículo para el "vitta" en un cuerpo humano... o de galacsino. Parte de la misión consiste en darle la "vitta" a un terrestre que se lo merezca, ya sea por sus dotes intelectuales, artísticas, humanísticas... siempre y cuando no sea judío. Como lo leen. En el capítulo Doce, uno de los terrestres le pregunta a los "magnos regidores wumpos" si se le puede dar la "vitta" a un judío. Ante la pregunta, todos "analizan" la situación de los judíos en el concierto mundial, persecución nazi incluida, lo cual les lleva casi el total del capítulo mencionado. El japonés Turo Osaka considera que "la discriminación la hacen judíos", a lo que le responden que "cuidado, que tu raza también está como el peso en la balanza por que fue segregado de la colectividad del gran mundo". Nuestro compatriota José Manuell, quien generalmente se limita a escuchar y ayudar en lo que sea, dice la última palabra:



"No hay nada que exponer ya ante las brillantes opiniones de las galacsinas y de mis coterráneos. Bien, yo también, discrepo y no acepto en ninguna forma la segregación... Sin embargo, voy a hacer un breve análisis de elementos sacados de los propios semitas. ¿Por qué se les aisla y se les niega el derecho a ser libres? El Sionismo es la aspiración que tienen ellos para recobrar Palestina como patria; para lograrlo, el doctor Herzl fundó una organización internacional con tal fin y para juntar a toda la colectividad judía bajo una sola creencia invariable e inviolable; pero para que ella tome cuerpo y forma indestructibles, era menester evitar la proliferación con otras razas, en la cual se perdería mezclada entre un mayor número de individuos de otras creencias. Precisamente, por ese aislamiento convencional que los judíos preconizan, son ellos mismos los que discriminan al resto del mundo con este singular pragmatismo... Ahora, juzguen ustedes."




Acto seguido, el norteamericano Bobby Glem pregunta, en un español bastante peculiar (problemas de traducción, supongo, o el tal Bobby Glem es un admirador de Cantinflas):



"¿Podríamos dar a un judío, que a nuestro parecer reúna todas las condiciones humanas que se haga merecedor a la Sensil y a la Vitta?" . Y el Wumpo Kont le responde:


"- Decididamente, querido hermano, no. Es posible que su acendrado y exclusivo sionismo lo lleve, después, a alcanzar lo que no le sería factible con su natural modo de actuar... Definitivamente ¡no!"




Como vemos, nuestros amigos concluyen en que son los mismos judíos quienes tienen la culpa de ser marginados por no integrarse al resto del mundo. Ergo, como todo judío es un sionista, no se merece la "vitta"... de ahí a proponer que los eliminen solo hay aun paso. Parece ser que el autor estaba obsesionado con el "peligro judío". Al leer esta parte de la novela, he empezado a preguntarme si no habrá leído los increíbles "Protocolos de los sabios de Sión", atribuidos a Sergio Nilus, "policía" que describe el "plan" de los judíos para destruir la civilización cristiano-occidental. El libro existe, como también existen estúpidos que lo toman en serio.


Otra parte de la instrucción proporcionada por los galacsinos a nuestros amigos consiste en hacer que éstos últimos observen películas (en alfombrados teatros con butacas forradas en terciopelo rojo) donde se muestra la maldad y violencia de la que son capaces los terrestres. Así, asisten a documentales sobre las guerras mundiales y otros conflictos. El grupo reacciona como si todos fueran niñitas de mamá: piden por favor que interrumpan la proyección, por que ya no soportan ver tantas atrocidades, que se sienten avergonzados de ser terrestres, que ya no desean volver a la Tierra nunca más. "Oh, horror", exclama, cacofónicamente, uno de los espectadores. La exposición a dichas películas tiene el objetivo de hacer que los terrestres estén completamente seguros de que llevarán a cabo la misión. Hay escenas y diálogos increíbles, como cuando nuestros protagonistas están viajando de regreso a la Tierra, y descubren que se encuentran en el año 1999. Reaccionan con estupor, puesto que dejaron nuestro planeta en 1969, y todos han pasado sólo diez años en Glasskan. Léanlo ustedes mismos:



- "¿Qué pasa? ¿A que vienen tantas especulaciones Bobby? - Quizá no sea nada, pero a mi me asombra... Según estos relojes calendario nos encontramos en la Tierra en el año 1999. Tengo entendido que solamente estuvimos ausentes de la Tierra 10 años y no 30... ¿Qué me dicen? - No, hombre - aclaró el francés Paul Gabán -, bien es verdad que estuvimos en Glasskán 10 años, pero ten en cuenta que en ese planeta el tiempo transcurre más lentamente: lo que allí es un año, en la Tierra son dos. ¿Aclarado querido amigo?"




Pues a mi este diálogo no me aclaró nada, por que si el año en Glasskan equivale a dos años terrestres, y nuestros amigos pasaron 10 años en dicho planeta, deberían haber pasado 20 años terrestres y no 30. Si mis cálculos son correctos, claro. No tengo la inteligencia de los galacsinos para asegurarlo. Olvídense de la relatividad y de exquisiteces por el estilo. Cabe señalar que el autor suele regodearse en detalles de ambientación tan fuera de lugar como el color de las cortinas de las habitaciones, el grueso de las alfombras, la ropa de las galacsinas (quienes descubren, oh maravilla, la ropa reversible, de modo que con un vestido tienen en realidad dos), los muebles (chatos y repujados), los alimentos, siempre abundantes y sanos, que incluyen refrescos, bocaditos, jugo de uva, yogur, pan con porcino... nuestros protagonistas siempre parecen estar pasando un domingo en algún club campestre. Sólo faltarían las cervezas, si no fuera por que los galacsinos son tan sanos que no beben alcohol, aunque a veces beben jugo de uva fermentado que tiene sus mismos efectos. Los galacsinos tienen un deporte en el cual los terrestres deciden participar, con dispares resultados. Consiste en caminar contra el viento que produce un aparato llamado, adivinen, "vientak". El participante se pone unos shorts numerados, y comienza a caminar mientras el viento en contra cobra intensidad. Si no cae al suelo, o lo que es peor, es arrastrado por el viento como una hoja, gana. Leamos en qué consiste este singular deporte:



"- El Vientak es uno de los tantos deportes que practicamos para entretener el tiempo y conservar el cuerpo en todo su vigor. Los técnicos han considerado que este deporte es el más sano y aconsejable por que tiene la virtud de fortalecer el cuerpo y especialmente el intelecto. De la pared obscura que ven al fondo, sale un fluido oxigenado, aire puro. Gradualmente se le inyecta potencia de tal manera que sea imposible llegar al tope que es el número doce. Los competicionistas (sic) que se alinean en la primera fila tienen que tratar de avanzar contra la corriente de aire. Para todos, la presión es similar. Ahora que los vean actuar, será esa la mejor explicación que ésta que les proporciono".




Un párrafo para la antología del deporte mundial. La segunda parte de esta historia pretende darle un toque de aventura a la novela. Nuestros amigos terrestres deben cumplir su misión. En un "premire", vehículo similar a un disco con ruedas que puede retraerlas y volar (superando la barrera del sonido), son dejados "al Norte de la población de Fort Flatters, próxima a la frontera con Libia". A nuestros amigos terrestres se les proporciona maletines con dinero, ropa terrestre, identidades falsas (para que no descubran que ha pasado 30 años fuera de la Tierra). Y, para regocijo de nuestro compatriota José Manuell, los regidores wumpos deciden que en su misión (¿o en sumisión?) lo acompañe su recordada guía y compañera Kcala. Por cierto, nuestro protagonista nunca manifiesta curiosidad alguna respecto al destino de su esposa e hijos. Y además, resulta que en realidad estamos en el año 2000 y no en 1999. El tiempo es un gran misterio. Mención aparte merecen las "instrucciones" para utilizar el último vehículo proporcionado a nuestros amigos, que en realidad es un camión. Obviamente, esto lo hacen los galacsinos no por tacaños, sino para que los protagonistas no llamen la atención. Del manual del mecánico galacsino, ahí les va su versión de "Mecánica Popular":


"Se leyeron las instrucciones de viaje: que el vehículo estaba con el tanque provisto de nafta, que inclusive había dos depósitos adicionales de combustible y agua; que las gomas eran ad-hoc para esa clase de terrenos; que al llegar a Casablanca, guardáramos el carro en una guardianía para evitar sospechas y tener el camión a mano, para el retorno."


Ahora, el inicio de esta segunda parte es inolvidable, pues consiste en un remedo de cualquier serie de acción vista en la pantalla chica. Como ya leímos, nuestros amigos son dejados en el desierto, cerca de Casablanca, Marruecos. Echan a andar el vehículo, no sin antes tomar el "último alimento preparado por los galacsinos: en una bolsa térmica de "papel" fino, se envasaba porciones de leche, unipersonal, y en otras, emparedados de jamón, de queso o de muslos de ave. También había bolsas con jugo de frutas". Ni bien empiezan a rodar en el camión, llegan a un oasis que está ocupado por beduinos traficantes de drogas. Los árabes son pintados como lascivos y viciosos, pues siempre están queriendo meter mano a las bellas galacsinas. El jefe de la banda se llama Aladino Tetuán. José Manuell y su grupo se deshacen de los traficantes. De Casablanca pasan al trasatlántico "Nautilus", cuyo capitán también es un traficante (y también se deshacen de él), que los lleva a Italia, y de ahí a Francia. En todos estos lugares, nuestro grupo se enfrenta a organizaciones dedicadas al tráfico de drogas, con tanto éxito, que siempre eliminan a los traficantes de la misma manera: les inyectan grandes dosis de heroína en el cuello, de manera que la muerte es segura. Esto lo hacen con la anuencia de las galacsinas, lo que constituye un cambio de actitud radical respecto al modo de ser galacsino mostrado en la primera novela, "Glasskan", en la cual, los galacsinos son tan melindrosos que discuten si es justo eliminar o no a los korpón, quienes se dedican a comérselos asados. Pero estos nuevos galacsinos son más duros, y consideran que la muerte por inyección es un justo castigo para los traficantes. Nada de juicios, derechos humanos ni cojudeces: una buena dosis de heroína (llamada también "droga heroica"), y sanseacabó. En Francia, cuando las aventuras con los traficantes han terminado, nuestros protagonistas ingresan a un café, en el cual contemplan un espectáculo descrito con crudeza: hombres y mujeres se cogen de los sexos al ritmo de la música. Por supuesto, las galacsinas y nuestros amigos quedan horrorizados (¿entonces, para qué entraron?), y luego se dedican a criticar el estado de cosas. Hasta el momento, nada nos indica que estamos en el año 2000 (la novela fue escrita en 1971). Da que pensar que el autor decida mostrar escenas de contenido sexual para demostrar lo "degradada" que está la especie humana... ¿no hay sexo en Glasskán? Lo más curioso de todo es que las acciones descritas anteriormente, tales como la lucha y posterior victoria contra diversos cárteles de drogas, son aventuras en las que los protagonistas se meten por que sí. Es decir, puesto que llegan al desierto y se encuentran a un grupo de narcotraficantes árabes y lascivos (lo que el protagonista deduce, entre otras señales, por la forma de los labios de los "arábigos"), entonces acaban con los traficantes. De ahí continúan hasta llegar al jefe máximo, un italiano mafioso. Pero, se preguntarán ustedes ¿y la misión? Ah, primero hay que descansar en París, lo que supongo siempre ha sido el secreto anhelo del autor. Hasta este punto de la novela, me preguntaba por qué motivo el autor desaprovechaba la oportunidad de describir la Tierra del, para entonces futuro, año 2000. En efecto, las peripecias del grupo conformado por terrestres y galacsinas, desde su llegada a Casablanca y su dispersión en el resto del mundo, poco nos dicen de las novedades que deberían haberse producido en treinta años de historia. Se limita a mostrar escenas de "acción", que poco tienen que ver con una novela de ciencia - ficción, incluso una como ésta. Sin embargo, el autor decide sacarse el clavo, y harto tal vez de matar mafiosos a punta de inyectarles heroína, hace un alto y les recuerda a sus enviados que han venido a la Tierra para buscar personas merecedoras de que se les administre la "vitta" y el "sensil".

A partir de este punto, el autor por fin nos muestra algunas pinceladas del futuro de nuestro planeta, el cual soporta a cinco mil millones de seres humanos. Empecemos por Francia. La torre Eiffel sigue en pie (a diferencia de la torre de Pisa, caída medio lustro atrás), pero la ciudad está llena de contaminación y el tránsito vehicular es caótico. Nuestros amigos están preocupados, pues parece ser que sus actividades se están haciendo notorias, como lo deducen después de leer los siguientes titulares de diarios y periódicos. "Super-hombres destruyen la mafia de drogas en Argel", "Atléticos individuos están destruyendo la mafia de drogas en la Tierra", "Individuos extra-terrestres han llegado para destruir la mafia", "Hombres dotados de poder e inteligencia, destruyen la mafia de narcóticos en la Tierra". Y el diario "Le Figaro" los describe como "seis individuos y cinco mujeres, todos ellos de constitución atlética, se habían (sic) dirigido a París en una aeronave". Tras angustiarse por estos larguísimos titulares, ingresan a un café, pero salen asqueados del mismo, por que "se realizaban actos sexuales donde la lascivia daba rienda suelta a los inimaginables procesos de sadismo o sadomasoquismo. En ese ambiente repulsivo y oprobioso, la droga atemperaba los ánimos o los enardecía". El lugar está atestado, y al tratar de salir, dos "famélicos individuos" se abalanzan sobre la bella Kcala (en la cual está interesado José Manuell) para cogerle los senos..."cosa que ella no pudo evitar por la rapidez con que obraron". Por supuesto, el francés del grupo, Paul Gabán, estalla en lágrimas. Luego de leer este episodio, yo también lloré... de risa. (Por cierto, aprovecho para mencionar que la lectura de esta novela transcurrió durante los viajes en omnibus que efectúo a diario para llegar a mi centro de trabajo. Más de una vez los demás pasajeros han volteado a mirar quien era el loco que se reía solo. Me deben una.) Nuestros expedicionarios se dividen en varios grupos. Uno de ellos, conformado por José Manuell, Turo Osaka y la galacsina Kcala, vuelan a Nueva York, también contaminada al extremo de dificultar la respiración. Se instalan en un hotel de la Quinta Avenida (otro de los sueños frustrados del autor, supongo), pero tras un paseo en el cual Kcala se pone pálida ante tanta contaminación, deciden venir al Perú, instalándose de inmediato en Cerro de Pasco, una ciudad de la sierra. En Cerro de Pasco, reciben un mensaje de Bobby Glem, quien lamenta la situación en la que ha caído su país, los otrora poderosos Estados Unidos de América. Hay caos por todos lados, los estados de la Unión acuñan sus propias monedas. "Ahora solamente existen los partidos políticos del poder, los que esgrimiendo el poder de las drogas, el poder de las armas, el poder del hambre, llegan a sojuzgar doblegando a las masas". Pero para Bobby Glem, lo peor de este caos es el crecimiento de la población negra (!). En efecto, el bueno de Bobby expresa así sus sesudos análisis de la realidad norteamericana:


"La raza negra ha tomado fuerza de dominio sobre grandes sectores en la mayor parte de Estados. Donde el poder de los negros se deja sentir, los opositores son barridos, destruidos. El cambio étnico es tal que muchos individuos, millares de ellos, con mayor porcentaje de sangre blanca, se identifican en cambio con la raza negra arguyendo el cabello rizado y los ojos negros. Resulta que ahora, la segregación la hacen los negros; los blancos se sienten extraños en su propio territorio".


Tras recuperarse en Cerro de Pasco, José Manuell, Kcala y Turo Osaka se van a Lima. El Perú cuenta con ochenta millones de habitantes repartidos en una docena de ciudades (no dicen cuáles). Lima no parece haber cambiado mucho. El río Rímac ha sido canalizado. La ciudad está sucia y llena de ambulantes (en este aspecto resulto buen profeta nuestro autor). Sintiéndose muy superior a sus compatriotas, José Manuell afirma "esa es la idiosincracia de este pueblo. No habrá ley con suficiente fuerza que los haga cambiar; les gusta vivir fácil, en los cerros, o adueñarse del lugar que encuentren baldío, y comen como vieron ustedes, sin temor a las bacterias". Solo le faltó decir que así son los cholos, pues hija, para después irse a tomar el té con Susan y Juan Lucas. Repentinamente, nuestros amigos aparecen (no viajan, aparecen) en Pucallpa, ciudad ubicada en la selva peruana, la cual ha sido depredada, con las riberas de los ríos llenas de viviendas que ensucian y contaminan. Luego van a la ciudad de Iquitos, en la cual advierten que el río ha arrasado los pueblitos ribereños, y el famoso barrio Belén, constituido por cientas de pequeñas embarcaciones que sirven de moradas, ya no existe. La selva va desapareciendo ante el avance de la explotación petrolífera, realizada mediante miles de torres de concreto y hierro. Vuelven a Lima, sin que nadie explique para que diablos se fueron a la selva. Se alojan en el Hotel Bolívar (sí, el de la Plaza San Martín), desde cuyos balcones observan las luchas callejeras de estudiantes y obreros contra la policía, bombas lacrimógenas incluidas. Pobre Kcala. Además, ahora resulta que José Manuell es soltero, por lo que ya no es necesario que pregunte por su "familia". Llega el momento de las buenas noticias: Chile ha decidido devolver Tacna y Arica al Perú, y Antofagasta a Bolivia, en un gesto que José Manuell no deja de admirar. Sin embargo, no se les ocurre darle la "vitta" y el "sensil" al presidente chileno... ¿habrá tenido que ver el hecho de que en el año 1971, cuando se publicó esta novela, gobernaba el Perú un grupo de militares "nacionalistas"? Misterio. El único país en el mundo que parece mostrar signos de prosperidad en ese año 2000 es Israel. Según el "inteligente" análisis hecho por uno de los protagonistas, los israelitas (más de cien millones), luego de conquistar una extensión considerable de territorios adyacentes (se apropian de Siria, Jordania y parte de Egipto), cuentan también con otros judíos que trabajan en gobiernos extranjeros, pero que por filiación sionista y genética al final siempre terminan trabajando para sí mismos. Además, a los protagonistas les parece criticable que los israelitas no hagan nada por el resto de la humanidad en crisis. Por ese "egoismo", deciden no darle la "vitta" ni el "sensil" a ningún hebreo. También hacen una visita a Japón, país que se encuentra contaminado, superpoblado, hay carestía, pobreza... cualquier país al que vayan tiene las mismas características. Inglaterra, punto de encuentro final de todo el grupo, está tan contaminada que la gente incluso ha reducido su estatura. Todos han acudido a Inglaterra debido a que el pobre Bey Smith y su pareja, quienes se encontraban en Londres, han sido atacados. La pobre Kiel ha sido violada, por lo que es trasladada a un hospital, donde le han extraído muestras de sangre, lo que permite al buen doctor Henri Barby, el médico jefe, deducir que se encuentra ante una extraterrestre. Matonescamente, el resto del grupo irrumpe en el hospital y convencen a todos los médicos que no digan nada a nadie. Para asegurarse el silencio de los galenos y enfermeras, les inyectan una sustancia que puede matarlos si dicen algo. Si guardan silencio, la sustancia se convierte en una supervitamina con efectos altamente beneficiosos para los inoculados. En el interín, el grupo descubre que Mr. Barby es la única persona que han conocido hasta ahora que merece la "vitta" y el "sensil", pero el buen doctor rechaza el ofrecimiento. Poco queda por contar. Un "topiquero" (supongo que se trata de un médico que está a cargo del tópico) del hospital va con el chisme a la policía (que hay extraterrestres entre nosotros), y contra todo pronóstico, los policías le creen. Esto apura a nuestros amigos a irse a la ..., perdón, a irse al desierto y ser recogidos por un "Premire". Ah, en un momento dado, se acuerdan que debían cumplir una misión, pero lamentablemente, no la habían podido llevar a cabo, y felizmente, van a volver a Glasskan. Me pregunto: si al final se iban a regresar así, como si nada hubiera pasado, ¿para qué se tomaron la molestia de ocultar el origen extraterrestre de Kiel? En un mundo tan caótico, donde nadie les tomaba en cuenta (excepto cuando desbaratan cárteles de drogas), ¿para qué ocultarse? ¿Y que tenían que ver sus peripecias con la misión de buscar personas dignas de la "vitta" y el "sensil"? Misterio. Para añadir un plus a este "final felíz", resulta que Turo Osaka, el japonés que solo servía para hacer payasadas y para inyectar mortales dosis de heroína en el cuello del enemigo de turno, consigue pareja. Una enfermera del hospital regentado por el buen doctor Henri Barby, una japonesa de nombre Yosika Okada, tiene problemas con la droga inoculada por el grupo de expedicionarios. La droga, en lugar de actuar como supervitamina, la ha puesto en grave riesgo de salud. Para no volver a hacer el larguísimo trayecto Monte Everest - Casablanca - Londres utilizando métodos convencionales, nuestros amigos deciden acudir (al fin) en un "klaván" proporcionado por los galacsinos. Rescatan a la chica, la curan, y regresan todos de la mano a Glasskan, el planeta maravilloso, sin importarles un pepino ni el fracaso de su misión ni la suerte de los demás terrestres. Como ocurre en todo final felíz, todos terminan sonriendo, sobre todo Turo Osaka, que al fin ha conseguido pareja. Dado que las rubias y esbeltas galacsinas no le hacían caso (¿por ser un asiático?), hubo que conseguirle una pareja "de su misma raza". ¿Adivinen quien es? Yosika Okada.

Se podrían decir muchas cosas negativas sobre esta novela, que de tan mala, nos revela a su autor como una suerte de Ed Wood cholo. Pese a todo, es un excelente remedio contra la tristeza, por que si algo está garantizado en este ripio, son las carcajadas. "Glasskan" es un planeta tan absurdo e hilarante como el Mundodisco de Terry Pratchett, sobre todo si uno se pone a pensar que este derroche de humor es involuntario, que el autor parece escribir convencido de estar redactando una novela trascendental para la literatura... Simplemente, sublime. Pese a la extensión del presente artículo, siento que me he quedado corto en el comentario. Algo debe reconocérsele al autor: puede ser absurdo, incoherente, racista y todo lo que ustedes quieran, pero nunca aburrido. Ya me están entrando ganas de volver a leer este libro, que termina así:



"En las butacas acolchadas, confortables (del klaván), iban Turo Osaka y Yosika Okada cogidos de las manos. También Boris Korff y Bobby Glem con Kil y Lik. El francés Paul Gabán e Ilk, Bey Smith con Kiel. Kcala me tomó de la mano, acariciándome suavemente. Luego nos quedamos profundamente dormidos, todos soñando con Glasskán.



FIN"




A veces, yo también sueño con Glasskan.

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