viernes, 17 de julio de 2009

Reseña: En las montañas de la locura (H.P. Lovecraft)

Howard Phillips Lovecraft suele considerarse un autor de novelas y cuentos de horror. Esto, por el simple hecho de que sus narraciones, efectivamente, dan miedo. Además, incluye una serie de datos y referencias que inducen al lector a creer en la existencia real de seres tales como los Primordiales y los Profundos, y que realmente existió un árabe loco llamado Abdul Alhazred que escribió un libro llamado "Necronomicon". Uno se pregunta, después de leer, si acaso la maligna presencia de Cthulhu y compañía en realidad no es una mera ficción proveniente de la imaginación del autor.

Los relatos de H.P. Lovecraft, si bien implican una trama perteneciente al género de terror (monstruos que amenazan la existencia de los seres humanos), tienen una base científica o seudocientífica que llevarían a incluirlos dentro del género de la ciencia ficción. Una ciencia ficción terrorífica.

Así, los dioses y criaturas que pueblan las pesadillas lovecraftianas son en realidad seres extraterrestres, pero provenientes de ámbitos tan lejanos y extraños (Lovecraft insinúa incluso en varios relatos que "no pertenecen a nuestro espacio-tiempo" y que "no siempre están hechos de materia tal como la conocemos") que pueden equipararse a los dioses y demonios de las mitologías y religiones conocidas, aunque el propio Lovecraft, racionalista y ateo, los presenta como seres más allá de nuestros conceptos del bien y del mal.

Precisamente, en "En las montañas de la locura", leemos la epopeya de unos seres mencionados en otras narraciones de Lovecraft, los Primordiales, desde su llegada a nuestro planeta, el desarrollo de su civilización y sus relaciones con otros seres igual de extraños. Y sólo Lovecraft tiene la maestría de exponer a sus criaturas, revelando detalles de las mismas tales como sus posibles gustos musicales o su sensibilidad al frío extremo (¡Primordiales utilizando ropa para abrigarse!), sin que por ello pierdan su aura de horror y extrañeza. Definitivamente, el los ama, pero un lector solo puede percibirlos como entes a los que hay que temer.

La historia describe una expedición a la Antártida organizada por la ya célebre Universidad de Miskatonic. Entre otros hallazgos, encuentran el acceso a una ciudad antiquísima y los cuerpos conservados de seres de una antigüedad de millones de años: los Primordiales, inmensos seres con forma de barril, con tentáculos, alas membranosas y cabeza de estrella. Estos cuerpos antiquisimos desaparecen, al igual que otros miembros de la expedición, por lo que una pareja de expedicionarios decide ir en su búsqueda, y de paso, explorar la ciudad. Estos exploradores son el narrador y el estudiante Danforth (August Derleth), quienes logran penetrar en la ciudad maldita y aborrecible que se oculta en el Polo Sur (disculpen, es que el lenguaje se pega).

En dicha ciudad, a la cual dedican largas pero no tediosas descripciones (punto para el maestro Lovecraft), nuestros protagonistas acceden a murales tallados en piedra que grafican la llegada de los Primordiales a la Tierra y de cómo les fue en ella. Además de encontrarse con otras razas estelares igualmente poderosas (los seres humanos ni soñaban con aparecer), los Primordiales crean a los "shogots", grandes masas de protoplasma que pueden asumir formas temporales y que son utilizados como bestias de carga por los Primordiales, primero solamente bajo el mar, y luego en la superficie. Con el paso del tiempo, estos "shogots" se rebelan contra sus creadores, coincidiendo esta rebelión con la decadencia de la civilización de los Primordiales.

Tras una época oscura, marcada por la glaciación, la ciudad de los Primordiales permanece dormida y desierta, hasta que es encontrada por la expedición de la Universidad de Miskatonic. Dicha incursión revelará que la ciudad no estaba tan muerta como aparentaba.

Esta novela se considera una suerte de continuación de la "Narración de Arthur Gordon Pym" de Edgar Allan Poe. En todo caso, la deuda de Lovecraft con dicha novela es evidente, al punto de mencionarla en más de una ocasión y recoger, con todas las implicancias negativas posibles, la transcripción del sonido "Tekeli-li", en un contexto por demás inquietante.

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