sábado, 25 de julio de 2009

Reseña: Deus Irae (Philip K. Dick & Roger Zelazny)

Deus Irae

Philip K.Dick
Roger Zelazny

Editorial Bruguera
Madrid, 1977


Deus Irae significa en latín “Dios de la Ira”. Y esta novela narra una peregrinación en busca de ese Deus Irae, origen de un culto religioso surgido luego del tan temido holocausto nuclear. El Deus Irae es Carleton Lufteufel (en alemán, Lufteufel significa “diablo volador”), antiguo funcionario de la Comisión de Energía Atómica y supuesto responsable (¿puede haber un único responsable?) del holocausto. A causa de esta responsabilidad, y gracias a los poderes que le confiere una de entidad tan enigmática como poderosa, Carleton Lufteufel se convertirá en el Deus Irae, el nuevo avatar de Dios, venido no como cordero sino como león. En torno a él, surgirá el culto de los SDI, los Servidores del Dios de la Ira, quienes se disputan los pocos fieles humanos que quedan con el cristianismo, la Vieja Religión.

Tibor McMasters es un inc, un incompleto, es decir, un mutante carente de brazos y piernas que se moviliza por el mundo utilizando un vehículo rodante de origen incierto, que cuenta con ciertos artilugios electromecánicos sorprendentes (algunos recuerdan los gadgets de las películas de espionaje), pero que sin embargo debe ser tirado por una vaca (la pobre carece de nombre). McMasters es además un pintor (no sabemos cómo lo hace), quien duda si debe unirse a la Vieja Religión o a los Servidores del Dios de la Ira. Estos le encargan la confección de un mural con la imagen del Deus Irae, y para ello, McMasters deberá emprender la pere (por peregrinación), un viaje a través de unos Estados Unidos post holocausto, para encontrarse cara a cara con Carleton Lufteufel y así poder pintar su imagen de manera fidedigna.

Este viaje será aprovechado por los cristianos, quienes encargaran a Pete Sands, un converso, seguir a Tibor McMasters y encontrar también a Carleton Lufteufel, el Dios de la Ira, para así poder destruirlo. En su viaje, ambos conoceran la nueva realidad de los Estados Unidos, en el cual deambulan mutantes insectoides (unos simpáticos hombres-escarabajo y su sorprendente deidad), reptiloides y extrañas máquinas autosuficientes enloquecidas. Todo ello, salpicado de interesantes (para mi lo fueron) disquisiciones e interrogantes teológicas, en las cuales se puede apreciar la influencia de Dick. Es de lamentar que algunos (no muchos, felizmente) párrafos en alemán no tengan la debida traducción al pie de página.

El viaje de Tibor McMasters y Pete Sands tiene mucho de odisea: hay monstruos y otras criaturas tan fantásticas como un milano parlante (llamado aquí, no se si por defecto de la traducción, pájaro meta o Theilard de Chardin), computadoras y factorías autónomas, siendo este el aporte de Zelazny, a quien debemos la extraordinaria novela “Tú, el inmortal”.

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